Aquí está mi reflejo. Siente cómo abre una rendija por donde se escapa la luz y lanza allí, en ese flujo coloidal, palabras sin significado aparente que acarician o golpean el hipotálamo; y más tarde, cuando el sol se desliza detrás del contorno impreciso de la tierra, se desvanecen entre las sombras de los intrincados bosques dendríticos. Se escapan. Así son los espejismos.
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domingo, 9 de febrero de 2014

Purgatorio



            Reflexiones profundas y racionales, en confrontación con ensoñaciones espirituales, subsisten en la búsqueda de la liberación de un alma encadenada que busca su ascenso.  Así es la poesía expresada por Luis Gerardo Mármol en su “Purgatorio”, editado por la Editorial Eclepsidra en el 2011.  Mientras recorres sus líneas, escritas con un lenguaje culto y una lírica que nos recuerda el Siglo de Oro español, tienes la sensación de ser tocado por golpes de madera y de viento, ya que bajo las mismas se esconde la turbulencia del ser enfrentado a la idea de Dios:
“Libre albedrío, libertad a medias
que las máscaras ahoga al prodigarse,
y sin la cual no puede imaginarse
historia o ley:
                    Cuando tu insomnio asedia
a duras penas de tu altar me cuelo.”

            En su libro, Mármol explora  sus raíces más íntimas  bajando por la espiral descendente de sus emociones hasta la casa materna, la muerte de seres queridos, su relación marital o nombrando las sabias palabras de su abuela, revelando la riqueza de su mundo interior:
“Toda mi vasija
 es un gran caracol.
Allí puedo oler un mar entero,
y si acerco el oído
oigo el viento del origen,
que está dentro del caracol
donde está todo el universo.”

            Quien se sumerge en la lectura de “Purgatorio”, se convierte en confesor y espectador de toda la luz, las dudas y  las flores blancas arrojadas en su recorrido penitente hacia el Paraíso, con el riesgo de quedar atrapado por la agudeza y la sensibilidad de sus percepciones en algunos pasajes:
“Quien se hunde en el mar camina por los campos del cielo.”
“la mirada del amor es la misma en los hombres que en los animales”

            Es imposible acercarse a este texto sin recordar a Dante o Virgilio y su ascenso por la montaña; es un discurso poético que verdaderamente sorprende y conmueve.

“Todo cuanto he dicho es sólo posible contigo,
Y si para algo sirve mi poca fe, es para asegurarte
Que también he de asirte para retenerte;
Y al hacerlo así,
He de sanarte para siempre.”


martes, 25 de septiembre de 2012

Cuando un árbol encuentra una semilla





Mira la semilla desde el suelo la grandeza del árbol, la belleza de sus ramas, sus numerosas hojas verdes que al danzar suenan a lluvia. Es imposible para ella imaginarse tan alta, con tantos anillos. Con apenas la punta fuera de la tierra se piensa imperceptible, ni siquiera ve la sombra de su silueta.  Si supiera. El árbol la ve de reojo, admirando toda esa energía contenida, ese quizás que aún no tiene forma pero donde cabe un abismo. Está consciente de su sombra, esa con la que envuelve al mundo… pero lamenta la distancia-tiempo, la distancia-geografía, la distancia-forma. La semilla quiere ser árbol y el árbol, semilla.

martes, 18 de septiembre de 2012

Mochima




Mochima es un refugio de lo que se creía perdido,
allí  las aguas guardan silencio mientras dentro bulle la vida.
Es un espacio de paz donde se enquista la mirada
mientras el sol se va hundiendo entre las montañas,
entre el púrpura, el ocre y el rosa del éter.
Mochima tiene una magia oculta en sus entrañas
una belleza que no se gasta con el paso de las lanchas,
pero sin ti es otra cosa.

El agua y tus ojos se enredan en mis dedos
que  juegan inquietos y luego se esconden
como arañas en casas desiertas,
mientras mi corazón se asfixia 
sediento en una botella de vino
y  en un adiós que nunca llegó.
Mochima es un refugio de lo que se creía perdido
Pero sin ti es otra cosa.

lunes, 13 de agosto de 2012

Siempre tu presencia


Sé que estás allí, detrás de mis cristales turbios.
Cierro mis ojos para verte
en el recinto que ocultan mis párpados.
Soplas tu nombre en mi nariz
me ahogas, me llenas,
y siento que revivo.
Tu amor se manifiesta
sin forma precisa
en tantos destellos y cajones,
que pierdo la cuenta de los nudos que voy atando.
Te sentí,  en las estrellas de Van Gogh,
en los cuadrados de Malevitch,
en el movimiento de Calder,
en la simplicidad cromática de Mondrian
y en el incansable brazo de Miguel Ángel Buonarroti.
 El mío, se esconde en ese rincón solitario
donde pronuncio tu nombre,
y en estas letras que son tuyas
 mucho antes de que fuesen escritas.













sábado, 12 de mayo de 2012

PARA ANA PAULA






Estalló un Big Bang interno,
tan lejos de la luz, cuando es toda luz
rocío y viento que levantan mis pómulos
espera interminable untada de miel,
vendados  los ojos.
El dolor de un primer llanto,
ese llanto, mi alegría
que trae colores pasteles,
sueños de caramelos,
melodía  Scarlattina.
Flota en el agua un hilo,
que te llena de mí, que me llena de ti;
como el de Ariadna,
te mostrará la salida
Siempre
aunque yo me haya ido.
       

martes, 1 de mayo de 2012

Espejismos mutantes



Hoy me abriste la puerta de nuevo y no supe qué hacer. Me la has abierto y cerrado tantas veces que he decidido quedarme inmóvil a ver si alguna vez me encuentras (o te encuentro). Porque cuando estás en medio de la muchedumbre es mejor no buscar, te pierdes, eres uno más de tantos, a menos que uses un sombrero, un pañuelo de color llamativo, algo en la cabeza. Lo que hay en la cabeza nos distingue, y eso es precisamente lo que me gusta de ti. Eso que se mueve adentro, que hace sinapsis, lo que enciende chispas cuando apenas se rozan sus terminaciones, eso que se va abrazando y formando cadenas y luego redes; ellas son paredes invisibles que delimitan nuestro espacio, nuestra perspectiva, y que, de vez en cuando rompemos para hacernos un lugar más amplio. A veces simplemente abrimos una ventana porque necesitamos luz, respirar, ver las paredes, las redes y cadenas de otros, tal vez asimilemos algo, tal vez nos guste algo diferente y modifiquemos un poco esa estructura que hemos diseñado para movernos interiormente. ¿Quién podría saberlo?  Yo he abierto una rendija para verte, y también para que te asomes (como a veces lo haces), tal vez por curiosidad,  esa que no es mundana, sino tan íntima. Tú te asomas en mi cabeza como no se asoma nadie, y yo te dejo.  ¿Qué verás allí?  Realmente no lo sé, pero te inquieta. Yo no puedo decirte lo que hay, porque no es fácil verse por dentro, no puedes tragarte un espejo que te hable. Hay quienes piensan que los demás pueden reflejarnos, pero te aseguro que no siempre es así. Los espejos siempre mienten, porque nos muestran una imagen complaciente. ¿Quién puede reflejarnos cuando somos espejismos? Espejismos mutantes.
Nuestras palabras se tocan, nos tocamos en lo etéreo, nos hacemos el amor a través de conexiones invisibles. ¿Has oído hablar de que somos energía, de que el sol nos atraviesa con sus neutrinos como si fuésemos hologramas? Me basta con pensar en ti para establecer una conexión emocional contigo, es simple, solo pensar. Pero me abriste hoy la puerta y no sé si entrar, no sé cómo hacerlo, si debo dar un paso, brincar, o bailar. No me pidas que vuele, mis alas se mojaron con la lluvia y no sé si pueda usarlas cuando se sequen, si es que alguna vez dejan de llorar. Un día te pedí que me mostraras el camino, y lanzaste unas migajas que se comieron los pájaros. Construí una escalera de papel. Llegué hasta el último peldaño y allí estabas tú. Ese día no escudriñamos el pensamiento, ese día no abrimos las ventanas (tal vez un poco);  porque eras piel, pude tocarte, te abracé, y es un abrazo que aún no termina. Tu mirada aquí, tu perfume en mi nariz, y esa sonrisa que tortura a quien desea la humedad de los labios. Yo también era un cuerpo sensible al tacto, también perfume y sonrisa. Me abrazaste mientras reías, y es un abrazo que aún no termina. Mi mirada esquiva, mi perfume en tu nariz, y mis labios arrojando palabras con torpeza, con mucha torpeza, cavando la tierra. La escalera sigue allí, y tú en algún lugar. Entonces de nuevo las caricias lejanas, las palabras que lamen lo invisible, luego el silencio. Y aún así, hoy me abriste la puerta, y prefiero no moverme, elijo callar.

sábado, 21 de abril de 2012

La guarida de los leones




Esa mañana alrededor de las diez, había un buen número de leonas dispersas en su reducido mundo. El león se hallaba dormido sobre una enorme piedra, a veces se movía o cambiaba su postura, mostrando su melena con gracia. Hacía mucho calor ese verano, casi 100 grados Fahrenheit. Las regaderas arrojaban su refrescante lluvia intermitente sobre los visitantes, si no, la estadía en el zoológico se hacía insoportable. Yo,  había comprado un gran vaso de té helado el cual sostenía con mi mano derecha. De vez en cuando sorbía un poco y observaba a las leonas; una fosa llena de agua las separaba de los visitantes, luego un muro de concreto que llegaba a la cadera y terminaba en elegantes puntas de hierro en forma de flechas. Recostada de ese muro estaba yo. Llegaron un par de mujeres con sus niños, uno de ellos no pasaba de dos años. Se detuvieron a mirar lo que yo miraba, muy cerca de mí. De pronto las leonas dispersas comenzaron a juntarse, una tras otra al filo de la meseta, frente a nosotros. Eran como ocho. Nos miraban y miraban la fosa que nos protegía. Algunas intentaban lanzarse al agua. Al parecer todos estábamos asombrados con el hecho, las mujeres señalaban a las leonas con sus brazos muy estirados y reían, y comentaban no sé qué. Por instinto miré hacia abajo, el bebé se hallaba al otro lado del muro, hacia la fosa, pero no había terminado de caer pues sus pantaloncitos se habían enganchado en una de esas flechas de hierro. El bebé pataleaba desesperado, las mujeres ensimismadas con el espectáculo  no se habían dado cuenta del por qué de la reunión felina, no había tiempo para pensar, yo debía arrojar mi delicioso té helado y sacar al niño de allí, pero hacía tanto calor que hacer eso era un sacrilegio. Usé rápidamente mi mano izquierda y lo agarré por los pantalones sin soltar mi té, pero el niño comenzó a dejar los pantalones, me asusté y pegué un grito.
- ¡El niño, el niño se cae!
Las mujeres reaccionaron inmediatamente, deshicieron las risas y sacaron al bebé de aquella situación. Me miraron y me dieron las gracias, estaban muy apenadas, se fueron en silencio. Yo me quedé allí, observando cómo las leonas  se dispersaban de nuevo. Miré mi vaso lleno de té helado, caminé un poco hasta el cesto de la basura, lo arrojé y me fui.

sábado, 31 de marzo de 2012

La opinión de un gorila



A veces, no con mucha frecuencia, llevamos nosotros mismos las hojas de jengibre a la exhibición de los orangutanes. Si, ellos comen hojas de jengibre, y otras hojas y tallos también. Esos simios parecen rastafaris, son del tipo meditativo y despreocupado. Una vez allí, me gusta entrar a ver al resto de los simios que se hallan dentro del edificio, cada especie en su área particular. Para incrementar su movilidad, les colocan algunos objetos de los cuales pueden colgarse, incluyendo fuertes troncos con ramas desnudas. No hay ni rejas, ni mallas; se pueden ver perfectamente a través del vidrio de seguridad que los contiene. Los chimpancés se me antojan los más graciosos del grupo, me río cuando ellos parecen reír escandalosamente; ellos no conocen el decoro social. En medio de aquel lugar se halla solitario un enorme gorila, con su pelaje largo y de un negro intenso. Es simpático.  Cuando voy a visitarlo me sonríe. Es un animal muy tranquilo. Sin mucho espacio para moverse, pasa horas sentado, recostado de una de las paredes de concreto. A veces se me ocurre pensar que él puede entender lo que pasa a su alrededor. Tal vez es así. Recientes descubrimientos científicos afirman que el cerebro del hombre y el cerebro del mono son muy similares. Recuerdo que un domingo de esos de temporada, pasó algo inesperado. La gente se hallaba amontonada frente a  nuestro gorila, luchaban unos con otros para abrirse una ventana; lo señalaban, se reían, hablaban. Él parecía molesto (y no aburrido como de costumbre). Los veía a todos con esa expresión de asombro en la cara, de ojos abiertos, bocas abiertas, de cejas levantadas, apuntando hacia él. De pronto, agarró sus heces con una de sus manos y comenzó a arrojarlas hacia la gente. La materia defecada se estrelló con fuerza contra el vidrio de seguridad salpicándolo todo. La gente gritaba ante la acción sorpresiva, gritaba y se dirigía hacia otras exhibiciones.  La osadía de ese gorila me hizo recordar a Marcel Duchamp cuando se atrevió a exhibir su Fontain.

lunes, 19 de marzo de 2012

La decisión del Sol


         
Decidir siempre es difícil, más aún, cuando se quiere todo.

Un día como hoy, no muy distante en el tiempo, se realizó en el bosque una importante asamblea. A ella asistieron representantes de cada uno de los componentes de la naturaleza.  El Aire marcó su presencia con su suave aroma de hierbas, mientras  que el Agua, muy divertida, hizo su aparición con su relajante sonido. Un poco más tarde llegaron los Animales y las Plantas, argumentando toda clase de escusas, y por último el Suelo, el cual iba impregnando a todos con sus pequeñas partículas.
Llegada la hora  apareció el Sol, levantándose con elegancia sobre el horizonte, y dijo lo siguiente:
-  Estamos aquí reunidos para resolver una situación cada vez más alarmante. El hombre, señor que reina sobre nosotros, está en grave peligro, es posible que su descendencia perezca. Debemos encontrar la manera de salvarlo. Las decisiones que se han de tomar requieren de mucho valor, fortaleza, pero sobre todo amor. Quiero escucharlos.
Entonces habló el Aire:
- He acompañado al hombre desde el principio de los tiempos, sin mí no sería posible su vida, le proveo el oxígeno que necesitan todas sus células. Pero debo advertir que esta labor se me hace cada vez más difícil. Me siento muy pesado y ennegrecido, y créanme, hago todo lo posible para hallar la forma de sacudir todas esas partículas sucias y pegajosas, pero no lo consigo. Siento mucho que mi esencia enrarecida llegue a sus pulmones y hasta por mi causa muera.
Se oyó un leve murmullo. 
Seguidamente se manifestó Agua:
- Soy fresca, divertida… nunca soy la misma, me gusta correr y alimentarme de la lluvia. Satisfago al hombre que quiera tenerme, su sed, su higiene y hasta su paz interior; pero debo admitir, al igual que el Aire, que es cada vez más complicado hacerlo, no sólo porque cada día estoy más sucia, sino también, porque mi cauce está disminuyendo, ¡La lluvia ya no me visita con tanta frecuencia!  En verdad, no sé qué hacer para remediarlo, ¡hasta las rocas han sobrepasado su capacidad de purificarme!
Esta vez hubo un gran alboroto el cual silenciaron las Plantas con su intervención:
- ¿Qué más podemos hacer nosotras? Engalanamos su casa con nuestras formas y colores, perfumamos su entorno, le damos nuestros frutos que les sirven de alimento y medicina, le damos sombra cuando hace calor, y cuando esto ya no es suficiente, nos cortan y construyen su lugar de abrigo y calientan su casa en invierno. ¡Ah!, se me olvidaba… también ayudamos al aire a mantenerse limpio y fabricamos el oxígeno que transporta, pero cada vez somos menos… y entonces, ¿Qué podemos hacer para cumplir nuestra misión? ¡estamos desapareciendo!
Inmediatamente se levantó un león en representación de sus compañeros del Reino Animal:
- Me parece que las cosas deberían verse como son. Nosotros que competimos con los humanos por el espacio, también le servimos. Formamos parte de su alimentación, decoramos su vivienda y algunas veces usan nuestras pieles para cubrirse del frío; con nosotros aprenden y se divierten y algunos de nosotros lo ayudamos a hacer su trabajo. Adicionalmente, cuando morimos, enriquecemos el suelo para hacerlo más productivo. ¿Será posible que podamos seguirle ayudando?, nosotros también estamos desapareciendo, nos cazan, nos encierran, acaban con nuestros refugios y con nuestro alimento.
Hubo un gran silencio. Finalmente el Suelo expresó su preocupación. 
Me temo que tarde o temprano no podré seguir sosteniéndolos, ¡cada día son más! He sido muy feliz al ver que he podido ser útil, pero siento que mis fuerzas se agotan, me estoy quedando desnudo,  cada vez más sediento y resquebrajado ¿Qué puedo hacer yo en estas condiciones? ¿Cómo darle a las nuevas plantas la energía que necesitan para que sigan produciendo alimentos y oxígeno? No tengo respuesta.
El Sol se detuvo a pensar, con ánimo impasible, en todas las cosas que  escuchó. De pronto, la intensidad de su luz se elevó alargando sus rayos, pero con la misma rapidez volvió a apagarse. Entonces declaró:
- Como vigilante del bienestar de la raza humana, me siento obligado a continuar con mi tarea, pensé por un momento que la causa del problema estaba en ustedes, pensé que ya no querían cumplir su misión. Sin embargo, me encuentro con esta triste realidad. Si no hacemos algo pronto, el hombre nos destruirá y se destruirá a sí mismo, y será muy tarde cuando despierte de su sueño…

miércoles, 14 de marzo de 2012

Las hojas de la sequía



Las hojas de la sequía son amarillas, tal vez con manchas marrones y verdes; se desintegran en el suelo, ya no pueden levantarse, no volverán a ser verdes, nunca más sonarán a lluvia, son arrastradas por el viento, han caído, han caído.
            La violencia se cierne sobre los hombros, sobre los tendones,  los tensa, la espalda duele, duele mucho por las noches. La bola de luz está allí, fija, mientras nosotros giramos. No podemos verla porque una tela de seda gris la cubre. A penas se adivina en la transparencia su silueta circular y destellante. Casi sentimos su poder, ese que da la vida. Pero tenemos calor, eso sí, un calor insoportable, temible, asfixiante, tanto que los polos se derriten. En Perito Moreno se escuchan truenos cuando los bloques inmensos del glacial se agrietan y caen. Las puntas de las cordilleras difícilmente se visten de blanco, se muestran desnudas, erosionadas casi todo el año.
            Qué duro es estar ciegos, que difícil es pensar que algo pasa; la ignorancia  solo duele cuando comienzas a comprender que todo es caos e incertidumbre en el giro del compás.  La saliva resbala fuera de la boca, miramos el paisaje ¿realmente lo miramos? Hay un camino -dice una voz.  Y nos preguntamos: -¿acaso estamos perdidos?  Y él nos responde: -Señores, ¿acaso ven la luz?
            Todo está oculto, y mientras tanto, las hojas caídas de la sequía siguen vagando por el suelo, arrastradas por el viento sin rumbo fijo, sin voluntad para rasgar el velo.

domingo, 4 de marzo de 2012

CARCELEROS DEL TIEMPO




           Todo cambia, siempre cambia. Se hace más evidente cuando dejas un lugar por algunos años y luego regresas. Los niños crecen, los adultos envejecen, las calles se transforman, la tecnología modifica las relaciones humanas… en fin, nunca terminas regresando al mismo lugar, nunca estas en el mismo lugar. A veces los cambios son sutiles, imperceptibles; otros transforman el mundo entero. Seguir la pista sería imposible sin la ayuda de aquellos que en sus notas, borrones, garabatos, atrapan con inocencia esos pequeños y grandes sucesos. A veces parece cosa de tontos, pero en realidad la Historia o rasgos de ella se encuentran en esas horas de ocio que se invierten en la escritura de un diario, una carta, unas simples notas…y en estos blogs. Sí, estos blogs, diarios de la modernidad, aunque menos secretos, menos ocultos a los ojos. Todo lo escrito es valioso, pero tal vez lo sean aún más en este contexto, las anécdotas del día a día.
No es esta mi opinión, sino la de otros que me preceden. Así encontramos en el prólogo de las “Memorias” del Duque de Saint Simón lo siguiente: “Pero es el caso que, pasados los años y los siglos, aquel minuto enteco y baladí depositado avaramente en la alcancía de unas memorias, de un diario, de una carta, va cobrando categoría de permanencia y es también la eternidad, vista de otro modo. Es por lo demás, la Historia”. 
         En la revista de la National Geografic “Historia”, número 60, encontré un hermoso ejemplo de esto. Resulta que en 1666 hubo un gran incendio en Londres que devoró prácticamente la ciudad y que fue necesario hacer grandes esfuerzos para reconstruirla. A partir de allí,  la fisionomía de la ciudad cambió pues quedó prohibido construir con madera; en su lugar debía usarse piedra o ladrillo.  Los detalles que se conocen del suceso se derivan de los diarios de Samuel Pepys y John Evelyn. Algunos de los detalles reseñados por Pepys fueron los siguientes: que las personas podían “quemarse la cara con una súbita lluvia de chispas de fuego”, y las palomas estaban “agolpadas en las ventanas y balcones, algunas se quemaron las alas y perecieron”. Cuenta que vio, cómo se formaba “una llama sangrienta, maliciosa y horrible, cuyo arco entero sobrepasaba la milla larga de elevación”. Estos fueron complementados con las notas de Evelyn, el cual escribió, entre otras cosas, que el incendio comenzó a propagarse “con una luz deslumbrante, un fuego tan abrazador y con el ruido ensordecedor de la caída de  tantas casas juntas, que parecía increíble que tal cosa pudiera suceder”.
          Y es que la historia no es más que un conjunto de eventos sucesivos que nos hablan del desarrollo de una civilización y tal vez a los intentos de algunos por dar explicación a esos hechos. Todos  los temas son bienvenidos, política economía, literatura, artes, ciencia, en fin todo lo que dibuja nuestro entorno y a nosotros mismos como individuos, ya que somos parte de una cultura que nos moldea.
        Aquellos que tenemos la afición de escribir no sólo nos convertimos en carceleros del tiempo, sino somos además, muchas veces sin quererlo, los filósofos contemporáneos. A propósito de esto se lee en el prólogo de las “Memorias” de Saint Simon: “Porque resulta que esta literatura, generalmente farragosa, casi siempre nimia, de diarios y memorias no siempre es solamente materia prima de historiógrafos, polvo nutricio de eruditos. Resulta que, a veces muchas veces, es también venero eternamente joven de tipos apasionantes de vidas prodigiosas  "prodigiosas aún en la infinidad de su miseria" de hervoroso fermentar humano; en todo caso, campo propicio para la reflexión…” Soren Kierkegaard en su “Diario de un Seductor” comparte esta opinión cuando afirma que “Un filósofo de épocas pretéritas decía que si cada vez pusiéramos por escrito todo lo que nos ocurre en la vida, podríamos convertirnos en filósofos sin darnos cuenta”.
        Así es que invito a todos los blogueros (y a los que no lo son) a seguir realizando su labor de carceleros del tiempo, cuya gloria es imperceptible a la vida, pero su valor es realmente incalculable para las generaciones futuras.


sábado, 28 de enero de 2012

EL VIAJE


Cruzo el océano. Busco una estaca clavada en el vértice. A mi paso, escribo mensajes secretos, enigmas develados por niños que yacen sobre la hierba. Colgada como estoy, con  esa delicadeza que permiten los hilos de nylon, me balanceo ayudada por las Sílfides. Lejos, la soledad, tal vez otras, o lo azul. Cerca, los rayos, la tormenta. Mejor arriba que abajo, aunque haya que escurrirse entre los dioses (a veces es bueno ser invisible).


En el límite divino, saludo los colores del adiós, allí está la estaca. ¿Cómo iba a saberlo?  No era obvio. Está junto al muro de piedras calcinadas, debajo de un reloj de cuerda. La cuerda está rota. Me acordé que volaba porque todo se oscurecía a mi paso (gusta esa sombra gélida).

Corta los hilos, córtalos ya, cuando amanezca la estaca estará húmeda, y yo,  habré desaparecido.


viernes, 20 de enero de 2012

SOY DE AIRE




Soy de aire
el mismo que sostiene
mis alas de fuego impermeable
mi pecho desnudo y firme
ligera, transparente.

Acaricio invisible lo que quiero,
terciopelo rosa, matiz violento
y cuando quiero hago trizas
las paredes, las puertas corredizas
también los puentes de bases roídas.

Soplo a millas las culpas,
que flotan en el agua inquietas,
esconden ciclones rojos
 movidos a empujones
por las piedras que caen al río.

Soy inasible,
sin color aparente que etiquete,
el ritmo de mi danza
mis caderas revueltas
en el placer de envolver al mundo,
o de jugar con las crines de un caballo alado.

martes, 6 de diciembre de 2011

EL AMOR Y LA ESTUPIDEZ




       El amor alimenta nuestras emociones, propicia el almacenamiento de un gran flujo de información y aclara nuestros pensamientos. A pesar de ser cierta esta afirmación, la idea  predominante es totalmente contraria: el amor y la estupidez van de la mano. La razón de esto es porque al comienzo de una relación amorosa (que puede ser establecida con otro ser humano o, un objeto tangible o intangible, porque también se aman las ideas, el arte), lo emocional, lo instintivo aflora de tal manera que deja poco espacio para las ideas lógicas y prácticas. Eso nos hace actuar torpemente. Tenemos los ojos vendados, hay mucha información por develar, somos curiosos, nos gustan los enigmas.  Pero cuando lo emocional y racional entran en equilibrio, es abono perfecto para nuestro avance y el cumplimiento de nuestros objetivos en la vida. No es azar manifestar que este mundo fue hecho por Dios con amor.  No hay creación posible si el amor no está presente.

        Cuando somos felices nuestro cerebro produce ciertas hormonas como la noradrenalina, que favorece la sinapsis entre las neuronas, lo que nos permite la construcción de nuevas ideas y agudiza nuestra inteligencia. Por el contrario, cuando estamos deprimidos, se produce el efecto contrario, nuestro cuerpo fabrica sustancias que destruyen nuestras neuronas, opacando nuestro discernimiento, y ni hablar si en medio de nuestra depresión, añadimos alcohol a la mezcla, se nos nubla algo más que el pensamiento.
 .
                   Lo que es cierto para un individuo, podría ser cierto para su conjunto. Las sociedades avanzan en períodos donde se manifiesta la paz y la unión, cuando todos juntos trabajamos por un fin común y un sentido de pertenencia está latente, allí está presente el amor. En cambio, en periodos de guerra, de división, sólo hay destrucción y atraso. Los conflictos tienen muchos orígenes, y el peor de todos es el ansia de poder, de dominio total, de imponer reglas absolutas que sólo benefician a un sector de la población, y con las que no todo el mundo está de acuerdo. Hitler y Gengis Kan anexaron territorio tras territorio a sus dominios; luego estos quedaron estériles, sin inversión, ni producción, ni desarrollo, sólo se enquistaba la guerra y la destrucción. Maquiavelo en su libro “El Príncipe”  afirma que "el poder corrompe", y de lo corrupto no pueden surgir cosas que beneficien a la sociedad. Es allí donde se alberga la estupidez, en la inmediatez, en la aceptación emocional de ideas sin proyección, en lo ideal en detrimento de lo real. 

Propaguemos, pues, el amor y el bien para facilitar nuestro avance personal y el de nuestra sociedad. Les deseo la mejor Navidad posible, disfrútenla a su manera, como les guste, como la sientan. En el 2012 nos veremos de nuevo. Besos para todos.