Aquí está mi reflejo. Siente cómo abre una rendija por donde se escapa la luz y lanza allí, en ese flujo coloidal, palabras sin significado aparente que acarician o golpean el hipotálamo; y más tarde, cuando el sol se desliza detrás del contorno impreciso de la tierra, se desvanecen entre las sombras de los intrincados bosques dendríticos. Se escapan. Así son los espejismos.

viernes, 5 de julio de 2013

El silencio de un Boquerón



           
          Boquerón es un túnel muy oscuro porque le han roto sus bombillos. Es un misterio penetrarlo, siempre su silencio, no puedes ver nada hasta que abre la boca más allá, al final de la historia. Es una cajita llena de clichés, a veces se necesitan los clichés, dejar en remojo las ideas, permitirte no ser, olvidar quién eres. Entras en esa oscuridad sabiendo que antes y después hay luz. 

            Boquerón es un pez que indigesta, solo un mordisquito basta, un mordisquito no más. Es un pez y está pescando; ya lanzó su red y no lo adviertes. Piensas, en el olor a casabe que impregna la carretera, en el pueblo de la serpiente sin lengua, en la pequeña iglesia rosada (que a pesar de ser domingo, tiene sus puertas cerradas y no lo entiendes), también recuerdas al viejo campesino que cultiva no se qué en la ladera de la montaña, y las grandes orquídeas color lila que habitan en el tronco de un árbol que bordea las nacientes del Río Guarapiche.  Detalles de un Boquerón pasivo, callado, enigmático y certero.

            Boquerón es un pueblo de calles anchas, con matas de mango y vidas ajenas. Es un retazo de España, Argentina, Panamá, Paraguay, Puerto Rico y Cuba.  Se nota que España pisó con fuerza este lado del mundo, por eso Boquerón se manifiesta aquí y allá calladamente. Te mira, se mueve con lentitud y te señala el camino para que lo sigas. A veces, con tanto silencio, no tienes opción. Boquerón es también una batalla de corazones abiertos y lejanos, que se dan estocadas agudas y profundas. 

            El Boquerón está en silencio porque está pescando y no lo adviertes.

jueves, 27 de junio de 2013

Lamento nocturno





            El perro muerde por las noches mientras la luna está menguando. Y en su mordida, espuma blanca inyecta con lentitud.  Se desprende en el sereno un aroma de azahar,  de rosa marchita, de sentimientos subterráneos. Veneno interno. El entorno determina al perro, contamina al perro, lo moldea. Ya no es más su propia esencia porque se ha disuelto en el alma colectiva. Ahora es imitación de risa, imitación de rabia, imitación de llanto. Ha muerto en él aquel rebelde que borraba las malas premisas y  las falsas conclusiones; y en su lugar, solo queda un perro-masa, que clava sus dientes (afilados por otros), que gruñe sin consciencia; un perro que perdió su contorno para convertirse en una mancha roja, esa, que destila de mi cuello mientras la luna desaparece.

miércoles, 29 de mayo de 2013

domingo, 12 de mayo de 2013

Festival de Lectura de Chacao 2013

          Participar en un evento como el Festival de la Lectura de Chacao es algo indescriptible. Estoy muy agradecida con la Editorial Eclepsidra por la invitación.

          Ese jueves 2 de Mayo fue complicado para mi. Se me hizo tarde, encontré mucho tráfico en el camino, y al llegar, no había lugar para estacionar. Me puse nerviosa porque pensé que no llegaría a tiempo a la lectura de mis cuentos. Di unas cuantas vueltas por el estacionamiento y estando a punto de dejar las llaves  del carro al encargado, se abrió un espacio. Cuando salí de aquel lugar comenzó a llover con fuerza.Tenía un paraguas en la cartera y sandalias en mis pies. Así, caminé dos cuadras pisando el agua que corría con abundancia calle abajo. Sabía que en la Plaza Altamira habían espacios techados para proteger a la audiencia, pero era jueves y siempre está aquel sustito de si habrá gente allí, a las cuatro de la tarde y en esas condiciones climáticas. Para mi sorpresa había, no mucha, pero había. La poetisa venezolana María Antonieta Flores estaba sentada en primera fila y la periodista Carmen Rosa Gómez esperaba por el resto del grupo, es decir, por Joaquín Ortega, Y. Ahumada y por mí. La lluvia se calmó y cada vez más gente se incorporó al evento. Comenzamos tarde, por lo que nuestro espacio de lectura se redujo. La poetisa Carmen Verde Arocha presentó nuestros trabajos. Me tocó abrir el evento. Leí mis cuentos con intensidad, tratando de transmitir al público la emoción con la que los escribí. Luego los aplausos, la lectura de mis compañeros narradores y dramaturgos, y más aplausos. Me sentí honrada de compartir el evento con ellos. Los aplausos... qué bello gesto de agradecimiento;  el público que asistió también los merecía por estar allí esa tarde a pesar de la lluvia, entre ellos,  la arquitecto Lucía Ciarcia, la poetisa María Gabriela Rosas, el poeta Leonardo Melero, la escritora Kira Kariakin, la poetisa Georgina Ramirez, mi prima Ilse Rojas, mi padre Dr. Rafael Emilio Díaz, mis hijas Ana y Ariadna, los amigos, Nicolás Estrella de ICREA,  Guiomar Flippo de Quesos Anaké y Avi Grabli de Almacenes Toledo. A ellos y a todos los que estuvieron presentes allí, mil gracias.

lunes, 8 de abril de 2013

Para un amigo imaginario.








Caracas, 13 de febrero de 2013.

Querido amigo,
            ¿Todo bien?  Ya sé que siempre hablamos, que te parecerá extraño que no use el twitter, el PIN o el SKYPE. Lo que tengo que decirte amerita más de ciento cuarenta caracteres y algo de drama, tú me conoces.
            Lo cierto es,  que te falta muy poco para ser el amigo imaginario de mi infancia. Tú despiertas sentimientos y sensaciones extrañas de vacío y compañía que no logro resolver, ¿me ayudas?
            Recuerdo que, como toda niña asmática, tenía ciertas prohibiciones de salir a jugar con otras niñas, de hacer deportes, e incluso, de chapotear bajo la lluvia. Fue entonces cuando lo conocí. Llegó una tarde, entró por la puerta de mi habitación, me tomó de la mano y se quedó. Desde ese día, siempre estuvo conmigo. Conversábamos, jugábamos largas horas, leíamos mi colección de cuentos infantiles, y hasta salíamos a pasear juntos en el carro de mi papá; siempre quería ser el último en entrar para estar junto a la ventana,  y yo se lo permitía a cambio de que me dejara mirar a mí también. ¿Me sigues?  No sé en qué momento este amigo se fue, seguramente se dio cuenta de que ya no lo necesitaba.
            Así eres tú, como la sombra de ese amigo de la niñez.  Una tarde apareciste entre los libros ¿lo recuerdas?  Me preguntaste si necesitaba ayuda,  el corazón hizo click  y comenzaste a girar por la casa.  Siempre estás cuando te necesito, dispuesto a colaborar, a dar un buen consejo, un hombro, los brazos, los labios, a entrecruzar las piernas... Unas veces texto, otras veces piel, pero siempre ojos, oídos, pulgares.
            En esta historia no compartimos la misma ventana, hay una para cada uno, una mirada distinta de las mismas cosas; tan es así, que de vez en cuando nos resulta difícil ponernos de acuerdo;  porque en tu cabeza hay recuerdos de lugares en los que nunca he estado, canciones que nunca he escuchado,  libros que nunca he leído, y  así con muchas otras cosas. Pero tienes que haber notado que, cuando nos miramos, llega la amnesia y  en ese silencio estamos bien; no hay palabra posible cuando nuestros cuerpos dialogan, cerramos los ojos a las diferencias, al menos yo lo hago, ¿y tú?
            Yo no sé si eres el amor  (hay tantas formas de amar),  pero sé que eres la sonrisa.  Mi vida es un collage y tú eres una de esas imágenes superpuestas sin sentido obvio, que catapultan mi energía en espiral ascendente.  El día que te vayas espero no notar tu ausencia, que seas como esa sombra que se va disolviendo en la luz,  no quiero sentir el asma que te abrió la puerta.
            Amigo, ¿todo bien? Espero que estas líneas llenas de drama sean las que esperas, si no es así, arruga el papel y déjalas seguir.

Mariposa blanca.