¡Feliz Navidad!
Aquí está mi reflejo. Siente cómo abre una rendija por donde se escapa la luz y lanza allí, en ese flujo coloidal, palabras sin significado aparente que acarician o golpean el hipotálamo; y más tarde, cuando el sol se desliza detrás del contorno impreciso de la tierra, se desvanecen entre las sombras de los intrincados bosques dendríticos. Se escapan. Así son los espejismos.
martes, 24 de diciembre de 2013
Navidad post-electoral 2013
viernes, 29 de noviembre de 2013
La Tierra está muriendo
La
Tierra está muriendo, la contaminación envuelve a la biosfera en una mortaja de
tóxicos que eclipsan la luz, que desborda el silencio. La contaminación es
muerte, es producción destructiva que nadie lamenta mientras improvisamos la vida que huye, que solo en la
noche se oculta, bajo el brillo de la luna que toca los sueños. Allí, un delfín
suspendido en el aire mira hacia abajo su casa en ruinas. Ya no hay serpiente que
se muerda la cola, los relojes han
detenido su marcha.
Mientras
el líquido mercurial se dilata sobre el color, la biosfera se viste de luto y
nadie más llora el ocaso. Los efluvios nefastos tienen más valor que los
frailejones, las garzas, los manglares o las abejas. Sólo el amor que unifica puede romper la
mortaja, solo el amor.
LECTURARTE Y FESTIVERD en el mes de noviembre de 2013.
| Integrantes de la Editorial Eclepsidra. De izquierda a derecha: Carmen Verde, Gabriela Rosas, Deyanira Díaz, María Antonieta Flores y Yoyiana Ahumada. |
He llegado a pensar que el mes de noviembre está llamado a ser importante para mi. El año pasado, durante ese mes, realicé el "Ciclo de charlas ambientales" donde se dieron cita las organizaciones ambientalistas no gubernales de larga trayectoria en el país. Dentro de ese grupo cabe mencionar a PROVITA, SADARBOL, ECOCLICK y el Movimiento Ecológico de Venezuela, entre otras.
Este año, entre el 13 y el 19 de noviembre, se realizó en la Plaza Alfredo Sadel el Festival de la lectura de Baruta "Lecturarte", con la participación de la Editorial Eclepsidra. En el marco del festival, la poeta y editora Carmen Verde Arocha presentó su libro titulado: "Cómo editar y publicar un libro. El dilema del autor.", he aquí la reseña: http://www.el-nacional.com/escenas/Carmen-Verde-Arocha-Publicar-literarios_0_308969431.html. Como escritora, fue una experiencia interesante el encuentro con otros autores de la editorial y con las personas que se acercaron a la feria a comprar o a curiosear libros. Me impresionó la apertura que las personas tienen hacia la literatura venezolana, y en especial, hacia los nuevos autores.
Tuve la oportunidad dejar alguna huella en "los gnomos" que encontaron hogar ese día, esperando que los lectores audaces disfruten la lectura de mis cuentos ecológicos.
Esa misma tarde realicé una actividad completamente distinta en la librería Sopa de Letras: la lectura del cuento "Aquella habitante de La Carbonera", que es sobre un sapito venezolano en peligro de extinción. Dicha actividad fue compartida con las integrantes del grupo Cuatro Costados Coach, Ylse Rojas y Lilia Batista, quienes realizaron juegos ecológicos alusivos al comportamiento animal y a su conservación. Imagínence qué complicado es jugar a la "r" como si fuese una cadena alimenticia: las gallinas tratando de atrapar a los gusanos al tiempo que evitan ser comidas por los lobos. A dicha actividad se integraron los padres, y creo no equivocarme cuando digo que ellos se divirtieron tanto como los niños.
El 19 de noviembre comenzó la celebración del Festival Internacional de Cine Verde de Venezuela, y para esa ocasión, la Editorial Eclepsidra preparó un recital que tituló "Voces Vitrales.poesía", con la participación de los poetas Luis Gerardo Mármol, Victoria Benarroch y esta servidora. El evento se realizó con el apoyo de FUNVIVE, institución que actualmente se encuentra impulsando la figura del Ciudadano Verde. Allí realicé la lectura de "Cuentos para gnomos" y algunos textos inéditos.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Lejos del pueblo
Lejos del pueblo, Penélope escribe durante el día y borra por las noches,
sentada ante esta ciudad inerte, con el quizás aún en sus costillas, espera agobiante. No
existe el descanso ni la sensatez. Preciso es escribir en la arena, nunca en la
piel, porque es semejante al sacrificio.
Lejos del pueblo, bajo la luz, Penélope espera el regreso de algo que
parece pequeño, un virus tal vez, que se mezcla con la sangre y estalla desde
adentro y se desborda. Se desborda. Escribe y borra con el mar en sus ojos,
látigo incesante que va y viene, escribe y borra en silencio.
Penélope lleva puestos sus zapatos rojos, los esconde un poco por miedo
al tifón. Piensa en el pueblo. Cuando chocan nubes grises cargadas de dolor se
produce el rayo, también el trueno, breves manifestaciones de luz, sonido y
energía que intimidan. Su magnificencia esconde algo, y ella lo sabe.
miércoles, 16 de octubre de 2013
A que mundo queremos pertenecer
Me aterra
escuchar, de vez en cuando, que lo ambientalista está devaluado, que hay cosas
más importantes que resolver. Definitivamente, esta situación de país nos ha
llevado a un estado de lamentable inconsciencia en muchos aspectos de nuestra
vida. Estamos perdiendo la perspectiva. Mientras los países desarrollados
avanzan con fuerza en la implementación de sus políticas ambientales, nosotros
creemos en este lado del mundo que es una moda, simple esnobismo. Y es que
ellos luchan por recuperar todos los espacios naturales que han perdido porque
saben que de eso depende la vida artificial que nos hemos creado. Yo les
pregunto: ¿Qué respiran? ¿Qué toman? ¿Qué comen? ¿Con qué realizan sus labores
de aseo personal y de limpieza? ¿Qué sería de la agricultura y de la industria
sin agua? ¿Qué comeremos cuando la tierra se desertifique? ¿Cuánto más CO,
plomo, ácido nítrico y sulfúrico soportarán nuestros pulmones? ¿Cuando los
recursos se agoten al límites qué haremos? Aquí mismo, en Caracas, ya no
tenemos agua en forma constante en nuestras casas, ya vivimos la escasez. Cada
día, el precio del botellón de agua mineral se incrementa. El agua era un bien
gratis, abundante; ahora, con los problemas de las extensas sequías causadas
por el Calentamiento Global, nuestros ríos están disminuyendo su caudal, y la
poca agua que nos queda la estamos contaminando. Pensemos. Un individuo puede
estar varios días sin alimentarse, pero sólo tres días sin agua. Estamos en
constante intercambio con el entorno que nos rodea, si éste está contaminado,
nosotros estaremos enfermos. Los tratamientos médicos son simples paliativos,
sólo estaremos verdaderamente sanos cuando el ambiente que nos rodea lo esté.
Tenemos la mira puesta en el blanco errado. Queremos producir y producir
creyendo que eso incrementará nuestra calidad de vida. Es cierto que la
producción nos da bienes, empleo... pero, ¿qué la sostiene? ¿No son los
recursos naturales la materia prima? Hay maneras de producir, maneras de
transformar los recursos naturales sin lesionarlos, de tener un empleo digno.
Los países desarrollados están transformando sus tecnologías y métodos de
producción para ajustarse a los nuevos tiempos, a los tiempos de escasez de
recursos, de energía, incrementando la eficiencia de los procesos. ¿Qué estamos
haciendo nosotros en Venezuela? Nuestra constitución venezolana nos dice que
tenemos derecho a vivir en un "ambiente sano, seguro y ecológicamente
equilibrado". ¿Por qué no exigimos ese derecho si sabemos que de ello
depende nuestra salud y nuestra productividad? Porque un individuo enfermo es
menos productivo que uno sano, y lo que ganamos contaminando lo gastamos en
tratamientos y medicinas costosas. El mundo artificial es un mundo gris, vacío,
no se sostiene por sí mismo, se cimienta en la naturaleza,
depende de ella. La próxima vez que diga que el ambiente no es un asunto de
importancia, piénselo dos veces. De cualquier manera, la naturaleza siempre
encontrará la forma de manifestarse y protegerse, ella tiene mejores mecanismos
de conservación que nosotros que día tras día caminamos hacia la
auto-destrucción sin darnos cuenta.
Econ. Deyanira Díaz
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