Aquí está mi reflejo. Siente cómo abre una rendija por donde se escapa la luz y lanza allí, en ese flujo coloidal, palabras sin significado aparente que acarician o golpean el hipotálamo; y más tarde, cuando el sol se desliza detrás del contorno impreciso de la tierra, se desvanecen entre las sombras de los intrincados bosques dendríticos. Se escapan. Así son los espejismos.
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domingo, 7 de septiembre de 2014

Groot y el silencio



“Ninguna palabra puede decir tanto como el silencio.”
                                                    Yasunari Kawabata

            Ningún personaje de Marvel me había impactado tanto como lo hizo el Groot en la película Guardianes de la Galaxia. Es un ser muy espiritual. Su silencio y cada una de sus acciones, que además no son muchas pero contundentes,  contrastan con el entorno oscuro y violento en el que le toca desenvolverse. Ese asombro que Groot despierta en nosotros nos conmueve y genera contradicciones internas por derivarse de un ser que a simple vista parece tonto, pero también nos lleva, de manera inconsciente, hacia un ente introspectivo, meditativo. Una sabiduría más allá de las palabras se revela en la quietud. Me hizo recordar el hecho bíblico de que el amor excede a todo conocimiento: El amor nunca dejará de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará, (1Corintios, 13-8).  Así es Groot. Nos da una imagen de protección, es profundamente leal, humilde e inclinado a sacrificarse por los demás. Siendo el personaje más ajeno a lo humano, resulta el más humano, siendo el más alejado de la  belleza, es el más bello.

Si nos vamos al cristianismo, Jesús trasmitía el conocimiento a través de parábolas, no usaba el lenguaje directo; de la misma manera lo hace el budismo Zen, trasmite sabiduría a través de cuentos y koans, advirtiendo que los conceptos pueden señalar el camino, pero no son el camino. Para lograr lo que ellos denominan la iluminación meditan en silencio, abstrayéndose de las palabras, del pensamiento superficial y entrando en contacto con la naturaleza verdadera y profunda. A propósito de esto, Bodhidharma dice que las palabras nos separan del mundo y que la experiencia directa nos remite a la verdadera naturaleza de la vida, de la realidad y de nosotros mismos. En la mayoría de las religiones la oración y el silencio ocupan un lugar prominente.

 Durante toda la película lo único que se le oye decir a este curioso personaje de Marvel es I’m Groot, y al parecer es todo lo que necesita ese ser capaz de generar luz en medio de la más absoluta oscuridad, de obsequiar flores para dibujar una sonrisa en el rostro de una niña, de perder la vida protegiendo a otros… y de esa manera se multiplica y se dispersa por el mundo (es una imagen cristiana). Su gesto y su silencio son poesía. La genialidad de sus creadores está en haberlo hecho árbol: los árboles no hablan, y sin embargo, nos dan el oxígeno que necesitamos para vivir, nos protegen del sol y de la lluvia, nos dan alimento y su madera de infinitos usos. Sin lenguaje hace posible la vida.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Un detalle para Julio Cortázar en sus 100 años.




            Mi aproximación a Cortázar no fue la usual, sucedió a través del jazz. Suelo escuchar todas sus variantes, pero la que más me gusta es el bebop de Chalie Parker, John Coltrane y Miles Davis; son melodías que me diluyen. Una tarde de 1993, me encontraba yo revisando libros en una de esas tienditas instaladas en el pasillo de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela. Estaba buscando libros de Stendhal. Había leído Rojo y negro y La Cartuja de Parma, pero quería más. Estando a punto de claudicar, leí en un pequeño libro de bolsillo de la editorial Alianza Cien “STENDHAL, Ernerstina o el nacimiento del amor”. ¡Eureka! Pero el libro era parte de una colección muy cómoda para leer en cualquier lugar, por lo que comencé a ojear el resto de los títulos y fue entonces cuando me tropecé con uno que ostentaba un saxofón en la portada “CORTAZAR, El perseguidor”. Recordé que no había leído nada de Cortázar, ni siquiera la tan nombrada Rayuela en mis años de colegiala, pero si ese sujeto había escrito sobre el jazz, seguramente era para mí. Y lo ha sido hasta ahora. El texto me recordaba mucho a Charlie Parker, entonces, lo leí recostada en el sofá de la sala mientras Charlie tocaba su saxofón desenfrenado. Charlie y Cortázar dialogaban. El saxo se sumergía en las profundidades de la melodía y luego se desataba en forma violenta en busca de un clímax, mientras Cortázar decía: “Johnny ha abandonado el lenguaje hot más o menos corriente hasta hace diez años, porque ese lenguaje violentamente erótico era demasiado pasivo para él. En su caso el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar, negando por adelantado los encuentros fáciles del jazz tradicional. Por eso, creo, a Johnny no le gustan gran cosa los blues, donde el masoquismo y las nostalgias… Pero de todo esto ya he hablado en mi libro, mostrando cómo la renuncia a la satisfacción inmediata indujo a Johnny a elaborar un lenguaje que él y otros músicos están llevando hoy a sus últimas posibilidades. Este Jazz desecha todo erotismo fácil, todo wagnerianismo por decirlo así, para situarse en un plano aparentemente desasido donde la música queda en absoluta libertad, así como la pintura abstraída a lo representativo queda en libertad para no ser más que pintura. Pero entonces, dueño de una música que no facilita los orgasmos ni las nostalgias, de una música que me gustaría poder llamar metafísica, Johnny parece contar con ella para explorarse, para morder en la realidad que se le escapa todos los días. Veo ahí, la alta paradoja de su estilo, su agresiva eficacia. Incapaz de satisfacerse, vale como un acicate continuo, una construcción infinita cuyo placer no está en el remate sino en la reiteración exploradora, en el ejemplo de facultades que dejan atrás lo prontamente humano sin perder humanidad. Y cuando Johnny se pierde como esta noche en la creación continua de su música, sé muy bien que no está escapando de nada. Ir a un encuentro no puede ser nunca escapar…”

            Así fue mi encuentro con Cortázar. Ahora abrazo con ternura sus Cronopios, porque para mí son esos pequeños duendes que andan por el tiempo y por el mundo conectándonos con la naturaleza y con nuestra fibra más profunda y misteriosa, para que no olvidemos nuestro origen y destino.

            Me embrujó. Cortázar era un niño que jugaba con las palabras, jugaba solo y con sus lectores, aún lo hace.


lunes, 18 de agosto de 2014

Convergencias

         

          Esta es la selva. Aquí, encontramos cada día más riesgos que belleza, la caída de una cultura por la derrota de la esperanza. La selva. Y en ese paisaje árido y gris que alguna vez fue verde, quizás muy lejos en el tiempo lo fue, la vemos a ella con sus cabellos de canela y su cuerpo de sirena, caminando muy despacio, como respirando los pasos. Sus ojos se mueven de un lado a otro con mucha atención, levanta la mirada, la baja, la fija y así. El tiempo se perdió o tal vez ella, en aquel templo construido en medio de la espesura humana; tiene una actitud hedonista, calmada, sin expectativas; le gusta ser sorprendida, que surja de la nada aquello que la sumerja en la ataraxia. Epicúreo flota en el aire, está en cada rincón de esta selva llena de gente que va y viene, que habla, que ríe, que grita; también en algún rincón, por allá cerca de las frutas, hay alguien que canta una canción de amor con la mirada perdida… Y en medio de aquel escándalo, entra él, con actitud estoica y algo molesto. Su paso es apresurado pero firme, de vez en cuando levanta la muñeca izquierda para ver su reloj, no quiere detenerse a contemplar el paisaje porque sabe exactamente lo que busca, lo había planificado todo antes de salir; espera encontrarla pronto y salir de allí.

Él y ella se tropiezan con fuerza, ella por andar distraída, él, por andar con prisa. Y en ese punto de convergencia, se separan, se miran unos segundos y luego ven el último paquete de Harina Pan en medio de anaqueles vacíos y grandes bolsas de papel rasgadas sobre el piso, como si un ejército de langostas hubiese pasado por allí llevándoselo todo. Los dos toman el paquete, forcejean, ahora sus ojos son tanques de guerra, arquean las cejas, muestran los dientes, es la lucha por la supervivencia del más apto. Él le dice que no importa, que se puede llevar el paquete de harina; ella le dice que no, que está a dieta y que la sustituirá por una caja de Special K con pasas o chocolate… si la encuentra. Un grupo de gente corre en desorden hacia el pasillo tres, ella detiene a una señora y le pregunta que hay allí, la señora le contesta que no sabe, que va a averiguar. Entonces se van juntas siguiendo la corriente. Él se dirige a la caja y paga el producto, siente que ha ganado una batalla, pero sabe que tendrá que repetir la hazaña en pocos días.

            Ella revisa la lista de compras que tiene en la mano mientras hace la cola: consiguió la leche y la harina de trigo, pero de nuevo regresará a casa sin aceite, sin azúcar y su desayuno tendrá que esperar por las arepas. Delante de ella va un señor con un par de cosas en las manos y delante de éste, una señora con cuatro paquetes de Harina Pan que se voltea y le pide al señor que le pase dos de los paquetes porque sabe que la cajera impedirá se los lleve todos. El señor la ve con furia y le dice - Señora, usted es muy egoísta. ¿Quiere todos los paquetes para usted? ¿Cómo se le ocurre pedirme eso? ¿Cómo se le ocurrió pensar que yo iba a participar en su chanchullo? ¡Que falta de respeto! La señora lo mira con pena e indignación, respira profundo y le contesta –Discúlpeme, señor, yo pensé que usted tenía un buen corazón, pero ya veo que no tiene idea de lo que significa C-O-L-A-B-O-R-A-R. Al final, termina llevándose los dos establecidos por no sé qué ley. La mujer de cabellos canela se alegra y le pregunta a la cajera – ¿Puedo tomar esos dos paquetes de harina?-  y ella le contesta - sí, por supuesto- y continúa tecleando con sus uñas acrílicas extra largas. Ha sido sorprendida de nuevo, bienvenida sea la ataraxia, ese placer cercano a la esquizofrenia.

            Así vivimos aquí, cada quien con sus estrategias de supervivencia, unos más racionales, otros más cercanos a las bestias. No importa si usted es hedonista o estoico, lo cierto es que todos estamos sujetos a este mundo absurdo en donde la ciudad se ha convertido en selva.

miércoles, 13 de agosto de 2014

¿Por qué, Robin Williams?


            Lo había olvidado, pero ayer recordé cómo a los diez años trataba de unir el meñique con el anular y el dedo medio con el índice hasta formar una V para despedirme de ti cada vez que terminaba Mork y Mindy. ¿Acaso fue una orden de Orson, que con su voz de trueno te dijo que ya era hora de volver a Ork? ¿O es que quisiste revivir el momento en el que Andrew decidió que ya era hora de terminar la vida con algo parecido a la eutanasia? Con seguridad eso fue porque tú no eras de este mundo. Tu versatilidad, esa que nos hacía vivir los personajes como si fuesen reales, esa capacidad tan tuya de hacernos reír, entristecernos, conmovernos y romper contigo los paradigmas establecidos con la intención de alcanzar la felicidad, de sentir la vida en lo profundo, estaba más allá de lo humano.
            Me hiciste recordar a Yasunari Kawabata, quien alguna vez dijo que no veía nada honroso en el hecho de quitarse la vida y luego, en 1972, se suicidó. Alguien llamado Juan Gustavo Cobo Borda lo justificó atribuyéndole una sensibilidad exacerbada… yo podría decir lo mismo de ti, pero en realidad pienso que perdiste la perspectiva, sí, en algún punto la perdiste. La vida no está hecha de puntos discontinuos  en el tiempo, somos un rango que tiende al límite, porque siempre vamos sumando experiencias. Sé que a veces se apagan las luces y vemos solo eso que somos en medio de lo incierto, hay que ver hacia atrás de vez en cuando y observar en la distancia todo lo que hemos sumado porque siempre será parte de lo que somos y seremos en el futuro. Tenemos que detenernos y contemplarnos desde el remanso del río y continuar el camino.
            Pero no estoy aquí para reprochar tu decisión, estoy aquí para decirte que no solo nos hiciste pasar buenos momentos, sino que sembraste buenas semillas en el corazón de mucha gente a través de John, el profesor de literatura que inspiró en tantos jóvenes el amor por las letras; de Patch Adams, con su insistencia de querer sanar a los enfermos a través de la risa y que fue imitado en Venezuela por El Doctor Yaso; de Andrew, que nos enfrentó a la idea de que estábamos perdiendo nuestra sensibilidad hasta el punto de que un robot podía tener mejores sentimientos que nosotros, seres de carne y hueso; del locutor de radio Adrian Cronauer, que nos enseñó a tener fortaleza y el valor que tienen aquellos que nos hacen reír y pasar buenos ratos en tiempos difíciles; ellos entre muchos otros.
            Dejaste un gran legado en la Tierra, espero que en Ork, finalmente, puedas encontrar la felicidad que quisiste para nosotros.

Nano-nano.

jueves, 3 de julio de 2014

Entrar en “Experimento a un perfecto extraño”.



                No sé si es el asma, la locura o la fluidez de su escritura lo que me acercó a José Urriola, lo cierto es que una vez que penetré en su mundo, me atrapó y no hubo escapatoria posible. Su novela, “Experimento a un perfecto extraño”, es un rompecabezas muy divertido en el que te pierdes en medio de ideas, críticas y sucesos, hasta que al final te das cuenta de que eres la pieza faltante de su historia infinita donde tú también eres un rompecabezas, “ese coctelito personal que tú mismo te estuviste preparando a lo largo de tu vida con pizcas y medidas de quién sabe quiénes…”, un camuflaje único e irrepetible, parafraseando al autor. Este libro es un fractal, en él hay historias y meta historias que puedes encadenar como quieras, cada una de ellas puede sonar surrealista, pop o futurista, pero lo cierto es que mientras te sumerges en sus complejidades, van surgiendo otras en mundos paralelos: las que vive cada lector, porque para Urriola, la vida es una puesta en escena.

 Mi historia comienza la tarde del jueves 4 de Julio del año 2013 cuando compré la novela en el Banco del Libro, en la antesala del conversatorio que luego tendríamos con el autor. Conocí la escritura de José Urriola en su blog "Rostros de viento", allí comenzó mi admiración por su estilo y la empatía por sus ideas. Por eso aquella tarde lo esperaba con impaciencia, para tener ese contacto necesario lejos de los sitios virtuales en los que solíamos intercambiar ideas y una que otra anécdota. Yo había llegado muy temprano, y sin embargo, las sillas ya estaban dispuestas para recibir a los invitados. José llegó después acompañado de algunos familiares y pudimos tener una corta pero agradable conversación, como la de dos extraños que constatan que están hechos de materia cósmica. Salí del evento con una dedicatoria en el libro y un ticket de avión para Puerto La Cruz con fecha 5 de Julio.

           
          Pensé que el libro sería un buen compañero de viaje. Había decidido tomarme unos días libres en medio del estrés que implica establecer los lineamientos de una campaña eco-política, en un país sumergido en el caos. En el aeropuerto me encontré con Natasha Tiniacos que iba para Maracaibo y cuyo vuelo estaba retrasado al igual que el mío; recuerdo que le regalé unos caramelos que tenía en la cartera, le mostré el libro y le di una breve referencia del mismo, tomó su camino y yo comencé mi lectura: “Cada evento de mi vida derivaba en un cuento que necesitaba ser contado a otra persona, pero también, sobre todo, necesitaba ser contado y recontado mil veces a un interlocutor interno que no era otro que yo mismo.” (…) “Porque sí, en el fondo eres un niño bueno y estás lleno de potenciales, pero la verdad es que vas por mal camino y nosotros nos hemos dado cuenta y queremos corregirte antes de que sea irreversible.” Eres bueno, pero vas por mal camino… Mi ticket decía que debía llegar a las 5:00 pm a Puerto La Cruz y terminé llegando a las 9:00 pm. Esas cosas siempre pasan en los aeropuertos venezolanos.

            En Puerto la Cruz me esperaba el amor, alguien que había conocido hace más de un mes trabajando en proyectos ambientales y del cual no me pude desligar en vista de esos flechazos mortales de los que a veces somos víctimas y que se tradujeron en llamadas frecuentes a mi casa y cinco horas de espera por causa del retraso de mi vuelo. Mis ojos volvieron al texto “Quienes se asoman en mi vida no son otra cosa que actores, incluyendo a mi familia, pasando por amigos, terminando por mis parejas. Cada uno de ellos viene con una misión, interpretan un papel previamente escrito y simplemente dejan fluir su actuación hasta que alguien –el jefe del Experimento, el gran maestro titiritero de esta enorme puesta en escena- decide que ya es hora de salir del cuadro, o bien que pueden continuar un tiempo más.” Más tarde concluí que ese enamorado llegó a mi vida para enseñarme la importancia del silencio, él lo practica hábilmente y conoce muy bien las limitaciones de tener un diente roto. Durante ese largo fin de semana el libro reposó en la mesa de noche, recordándome quizás, que yo era parte de ese experimento, una perfecta extraña que entraba en los laberintos del autor. En la novela encontré que “En la vida, tan importante como creerse las mentiras, es saber decidir hasta dónde no creérselas”. Soy de las que piensa que es mejor escuchar una verdad incómoda que mentiras complacientes del ego. Regresé a Caracas con la estela de nostalgia que dejan las separaciones forzadas, comenzaron de nuevo las llamadas a mi casa y el cuándo nos volveremos a ver como el punto y aparte necesario…  “El mundo existe siempre y cuando yo esté allí para percibirlo” y detrás de esa sentencia de Urriola apareció Descartes con su “pienso y luego existo” y detrás de Descartes, yo, reafirmando toda mi fortaleza y toda mi fragilidad, un simple ser humano que lucha con sus “Entes” y que trata de entender qué la rodea y cómo se integra. “Vaya tarea titánica, la de intentar dar sentido al sin sentido absoluto, la de otorgarle congruencia blindada a este desmadre signado por el absurdo que somos y en el que estamos sumidos.”, insistía el autor.  Recordé que Jon Elster en sus “Juicios Salomónicos” decía “… que la racionalidad misma nos exige reconocer esta limitación de nuestros poderes racionales, y que creer en la omnipotencia de la razón es sólo otra forma de irracionalidad.”. Una novela, demasiadas reflexiones. Y es que en el libro de Urriola te tropiezas con Descartes, Freud, Rimbaud, Baudelaire, Buda, Bilal… con interesantes referencias musicales y con oraciones como esta: “Sacar los brazos hacia la noche de Guanarito es como meter las manos en un ataúd sin fondo.” Yo no sé cómo son las noches de Guanarito, pero si ese lugar se parece al Amazonas, debe ser algo terrible sacar los brazos por la ventana, por algo están cubiertas de tela metálica.

En algún momento de la lectura me detuve a pensar que mi encuentro con el autor en aquellos parajes llenos de espejos tal vez se debían a un asunto médico y generacional, eso de que “la tristeza era un estado constante de la existencia” y mi asma,  ese tropiezo con la rebeldía de otro asmático que aprende a retar la vida desde muy temprana edad, porque cuando eres asmático te vuelves terco, muy terco, y haces todo lo que te dicen que no debes hacer: saltar en la cama, correr bajo la lluvia y todo para ver si esta vez te mueres de un ahogo. Este panorama está muy en consonancia con el tema del microsuicidio que se desarrolla a mitad de la novela. Luego me encontré con Freud en la siguiente afirmación del Ëxperimento": “Dicen que hay cineastas que siempre filman la misma película y que los escritores siempre repiten de alguna manera el mismo cuento “ ¿Por qué Freud? Porque en “Más allá del principio del placer” Freud dice que esa conducta que reflejan tanto cineastas como escritores  se debe a que “los niños repiten en sus juegos todo aquello que en la vida les ha causado una intensa impresión, y que de este modo procuran un exutorio a la energía de la misma, haciéndose, por decirlo así, dueños de la situación.” Pero más allá de esta cita, Freud está muy presente en la novela, es realmente divertido el capítulo dedicado al psiquiatra, el Dr. Iribarren, en dónde el autor le da rienda suelta a su imaginación para burlarse de esas teorías sexuales, del complejo de Edipo, de Electra y de todo el psicoanálisis. Es para reír y no parar.


El libro descansó un par de semanas y yo también. Me estaba preparando para un viaje largo a Austria y decidí terminarlo allí; el “Experimento” llegó muy lejos en mis manos. De nuevo el vuelo de IBERIA salió con retraso de Maiquetía y perdí mi conexión en Madrid; tuve que esperar siete horas en el aeropuerto de Barajas por el próximo vuelo a Austria. Para disculparse, la aerolínea me premió con un almuerzo en el mejor restaurante del lugar con vino incluido. Llegué a Viena hecha un harapo, con el jet lag en pleno, tuve la sensación de que podía dormir dos días seguidos y creo que lo hice. Pensé que el jet lag no debe afectar a los que padecen de insomnio, no era mi caso. Vería a mi hija en cuatro días, ella volaba desde Japón, tendría mucho espacio para la lectura. 

Comencé con la historia de Melanie y me detuve, pensé que no me sería posible terminarla sin tomar por lo menos dos copas de vino porque era una historia cercana, el hombre con el que estaba saliendo, el amor de Puerto la Cruz, era más joven que yo, yo era Melanie y cantaba en esperanto. A pesar de la distancia generacional lo amé profundamente, una locura, aquel romance duró alrededor de ocho meses y la separación fue dolorosa porque no había motivos para la ruptura, una amputación necesaria que nada tuvo que ver con la incomprensión social y mucho que ver con un cambio de visión en el futuro, porque nos creemos muy cool, pero a la hora de la verdad, caemos fácilmente en la crítica y el juicio. Mis hijas aceptaban bien la relación, mi mamá la miraba de lejos y una que otra vez mencionaba a Mimí Lazo o a Jennifer López como justificándome, pero otras veces decía que le incomodaba el asunto. En aquel momento no quería saber nada, cerraba los ojos y escuchaba una voz que decía “mi princesa” y entonces abrazaba profundamente las palabras leídas en la novela de Urriola, que se había convertido en un refugio: “Porque el amor y el dolor hay que sufrirlos, hay que joderse en lo bueno y en lo malo. Si se quiere realmente amar con todo y si se quiere realmente sufrir los estragos del desamor hay que inmolarse. No me venga nadie con asuntos cobardes sobre inyectarse amor y despecho sin que les duela el pinchazo.” 


En el vuelo hacia Madrid vi una película que hablaba sobre la importancia de preservar el alma, de vivir y aceptar lo que eres a pesar de todo. A veces es difícil, quieres huir, dejar de ser, de sentir la presión, solo te salva pensar que tu sombra sigue allí y tienes el poder de controlarla. Quieres dejar de escribir, quieres dejar la política, tener una vida común, sin tantos vericuetos… pienso en lo que me haría feliz.  Hay edades complicadas: La adolescencia y cuando se llega a los cuarenta, sobrevivimos a todo eso. En algún momento despiertas y la sensatez aparece, tomas distancia de ti mismo y logras una segunda mirada de lo que necesitas que sea tu vida. 

Ser político es hermoso y respeto a todos los que deciden seguir ese camino, es un apostolado, sacrificas muchas cosas, sobre todo el tiempo de familia, por eso tienes que tener muy claras las bases filosóficas y los objetivos de la lucha y amarlos, para que el camino no se haga tan pesado; entregas tu vida a la gente, sabes que se beneficiaran de tus logros, porque lo haces por el bienestar del país, solo que a veces te olvidas de que no todos abrazan los mismos principios, siempre es así en la política y es más difícil cuando pretendes romper un paradigma, pero hay que insistir en aquello en lo que se cree, sin eso la vida no tiene ningún sentido, existen muchas formas de integrarse.


Al día siguiente, desayuné con té inglés, pan alemán, queso brie y frambuesas. Adoro las frambuesas. Salí del hotel con el libro en la mano. Era verano y el sol estaba calientito, la gente se veía relajada, muchos shorts, sandalias, faldas cortas y bicicletas en las calles de Viena. Escuchaba a los transeúntes hablar en alemán, no entiendes nada, pero sabes que la están pasando bien porque se  ríen. La expresión corporal y la risa no tienen barreras idiomáticas. Pagué quince euros por entrar en una playa privada. Tenía muchos árboles frondosos, grama, y grava en la línea de la costa, el agua era dulce y fría a pesar del calor y no había olas. Vi algunas mujeres desnudas asoleándose en la orilla y nadie se detuvo a mirarlas, es otra cultura. Era obvio que tatuarse estaba de moda, los cuerpos exhibían grandes obras de arte a todo color. Busqué un sitio para sentarme a terminar la novela, me pareció que el muelle era un buen lugar. Cuando llegué, vi a un cisne nadar hacia a mí con rapidez, me pareció un ave excelsa, blanca, interesante y me asombré al ver su falta de timidez y de miedo a los humanos -la gente del lugar no debe atacarlos- pensé. Se acercó tanto a mí que saltó del agua y me mordió la mano derecha, menos mal que no era Zeus porque en este momento yo sería la madre de un semidiós. ¿Era la magia del lago o la magia del libro? -me pregunté- sonreí y busqué un lugar más tranquilo, lejos de los cisnes. Me invadió la felicidad. Ojalá pudiésemos borrar los problemas como borramos un texto. La vida debería ser más sencilla, menos exigente y nosotros menos idiotas. Caminé un poco por el lugar y encontré, en un recodo del lago, un cómodo banco de madera debajo de un árbol.  Abrí el “Experimento”: “Tu no necesitas de ningún Dr. Klausmann, tú lo que tienes es que seguirte preparando para cumplir la misión que se te ha encomendado, tú tienes que seguir cultivando ese talento divino, no desfallezcas porque el camino es largo, duditativo, tortuoso. Tú que tienes la madera, el potencial que nadie más, para erigirte en nuestro guía. No nos abandones. Tú eres el camino, el camino está en ti.” (…) “…olvídese de Klausmann, nadie encuentra a Klausmann, él lo encuentra a usted.” Fijé la mirada en el lago y pensé que Klaussman era como el destino que no puedes evadir pero que tampoco puedes buscar, era el Zaratustra de Nietzsche soltando las muletas, el Padre Sergio de Tolstoi caminando sobre las aguas. Me perdí en el azul. De pronto comenzaron a aterrizar en el agua, justo frente a mí, una bandada de patos y avanzaron hacia la orilla buscando un refugio en la marisma. Los observé hasta que se ocultaron en el herbazal. Me levanté del banco y me dirigí al restaurante, busqué una mesa y pedí un helado de chocolate y una botellita de agua. ¿Que cómo los pedí? Nada complicado, muchos austriacos hablan inglés.


Se acercaba la tarde y las nubes pasaron de blancas pinceladas a espesos algodones grises.  Oscureció. Respiré profundamente antes de terminar con una historia que había invadido mi intimidad por completo: “Y aventuro una última duda, antes de presionar este gatillo con el cañón del revólver ya en la sien: Si bien yo no soy el protagonista porque simplemente he participado como un personaje más del reparto en el Experimento diseñado para otro… ¿Ese otro acaso serás tú?” Me dejó sin aliento. Estupendo final- pensé- y dejé la playa del lago para reencontrarme con Ana que acababa de llegar de Japón y me esperaba en Wagramer Strasse. Fue un momento maravilloso, juntas otra vez después de dos años, nos abrazamos fuerte, brotaron lágrimas y risas. Comenzó a lloviznar. Mamá, ¿qué tal si caminamos un poco por la ciudad? Me pareció una locura la invitación pero accedí. Frente a nuestros ojos apareció en el cielo grisáceo, un doble arcoíris, uno debajo del otro; yo pensé que esas cosas solo eran posibles en los dibujos de los niños. Mi hija y yo nos quedamos ensimismadas observando ese paisaje surrealista, entonces ella me dijo: No le contemos esto a nadie, la gente va a pensar que andamos en drogas. Extraña tarde, extraño final.

Regresé a Caracas con muchas decisiones tomadas: dejé la coordinación del partido pero aún ejerzo acciones ecopolíticas, reemplacé el amor de Puerto la Cruz por la dulce compañía de mis hijas y me quedé con la escritura, pero un “Trojan” acabó con dos años de textos inéditos y tuve que comenzar de nuevo. Insisto en mantener los ojos abiertos para encontrar “la misión que se me ha encomendado”.  Y mientras tanto, cada tarde ignoro la llamada telefónica de una grabadora que me dice: Usted se ha comunicado con el Cementerio del Este.












martes, 3 de junio de 2014

Abismo



A veces el amor llega tarde
allí la palabra es infinita
veo la palmera que sonríe cuando la toca el viento
que besa las hojas
lento, lento.
Pienso en los abrazos perdidos,
los que nunca llegaron 
y los que despierta la memoria 
tan cerca del latido 
tan lejos en el tiempo.
Me escuchas
te alegras 
me asombro 
me rindo un instante 
y regreso 
siempre regreso y tú te quedas.

viernes, 18 de abril de 2014

Adiós, Gabo.

     

      
      Ayer murió nuestro laureado escritor Gabriel García Márquez, el colombiano que Aracataca vió nacer en 1928, el que se adentró profundamente en los mundos del realismo mágico, el irreverente, el controversial. Nunca olvidaré la emoción que me produjo la lectura de sus "Cien años de soledad", yo tenía trece años cuando abrí esa puerta. Aún pululan en mi memoria sus signos amarillos, los intrincados laberintos formados por los Arcadios y los Aurelianos, sus militares, las putas de su imaginario y la etérea imágen de Remedios la Bella, acompañada de sus mariposas amarillas.  "Cien años de soledad" es un clásico de la literatura moderna que ha sido traducido a 35 idiomas. Ayer Colombia decretó tres días de duelo por tan sentida pérdida. Yo solo espero que sobre su tumba lluevan esas flores amarillas que tanto veneraba. Ahora Gabo, después de tanto escribir y escribir, descansa en paz.

"Poco después, cuando el carpintero le tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la intemperie. Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pudiera pasar el entierro."

Gabriel García Márquez, (1928-2014).

miércoles, 26 de febrero de 2014

Se nos fue Paco de Lucía.


             Hoy murió otra joya musical de nuestro mundo: Don Paco de Lucía. Crecí escuchando sus acordes, admirando sus melodías flamencas. Y como el mundo gira y siempre te sorprende, me tocó asistir al 7mo Festival de Flamenco de Washington, DC (2007), que se llevó a cabo en el Lisner, Auditorio de la Universidad de George Washington. Lo acompañaron en su performance la Bienal de Sevilla, la Compañía Rafaela Carrasco y nada más y nada menos que el Ballet Flamenco Sara Baras. Una noche inolvidable para todos los que asistimos al evento, donde "Entre dos aguas" , fue pedida por el público a viva voz y con esa melodía se cerró el concierto.

          Paco de Lucía fue uno de los guitarristas más grandes del mundo,  cautivandos durante más de 40 años con su estilo sin igual, con su innovador flamenco mezclado con los más variados ritmos internacionales, incluyendo la salsa y el jazz, redefiniendo y dándole vigor al género. No puedo dejar de mencionar su colaboración con Camarón de la Isla, John McLauglin y Chick Corea. Para nosotros es un gran honor su versión de "Moliendo café", de nuestro compositor venezolano, Hugo Blanco.

          Ese 8 de febrero de 2007, el Washington Post reseñó lo siguiente:
"Lucía sabe cómo escribir una historia musical, cómo seducir y sorprender a su público y cómo construir una pieza desde un reflexivo inicio hasta un enardecido final..."

            Por aquí les dejo la versión de Paco de Lucía de Moliendo café y Entre dos aguas, que las
disfruten.

https://www.youtube.com/watch?v=HjUhKyDW2Jg
http://www.youtube.com/watch?v=2oyhlad64-s

martes, 24 de diciembre de 2013

Navidad post-electoral 2013




Arbol de Navidad, metálico              La navidad es verde y es azul; siempre verde y azul con pizcas de color.  Sin el pino moteado de nostalgia, ¿cómo sería?  Pero el aire turbio lo cambia todo.  Se apagaron mil luces  en el valle, la montaña es un muro. Ahora las fiestas son gris pizarra y no hay borrador. Las gaitas suenan anacrónicas,  Paradura infinita. Diciembre se proyecta como un mes de alegría y abundancia compartida, pero también hay dolor, hay gente enferma, muerte, familias rotas, carencias e infamias. Este año 2013 le ha abierto la puerta a la incertidumbre y esa puerta está llena de sombras. ¿Acaso se ha perdido la llave de la esperanza? Busquemos agua limpia, cantemos bajo la lluvia, hay que adorar al Niño que viene desnudo colgado de una estrella. Donde se apaga una luz, hay que encender 12 velas. Debemos cuidar el bosque, proteger sus retoños: no queremos un suelo estéril, ni bambalinas huérfanas.

¡Feliz Navidad!

viernes, 29 de noviembre de 2013

La Tierra está muriendo



            La Tierra está muriendo, la contaminación envuelve a la biosfera en una mortaja de tóxicos que eclipsan la luz, que desborda el silencio. La contaminación es muerte, es producción destructiva que nadie lamenta mientras  improvisamos la vida que huye, que solo en la noche se oculta, bajo el brillo de la luna que toca los sueños. Allí, un delfín suspendido en el aire mira hacia abajo su casa en ruinas. Ya no hay serpiente que se muerda la cola,  los relojes han detenido su marcha.

            Mientras el líquido mercurial se dilata sobre el color, la biosfera se viste de luto y nadie más llora el ocaso. Los efluvios nefastos tienen más valor que los frailejones, las garzas, los manglares o las abejas.  Sólo el amor que unifica puede romper la mortaja, solo el amor.

LECTURARTE Y FESTIVERD en el mes de noviembre de 2013.



Integrantes de la Editorial Eclepsidra. De izquierda a derecha: Carmen Verde, Gabriela Rosas, Deyanira Díaz, María Antonieta Flores y Yoyiana Ahumada.

            He llegado a pensar que el mes de noviembre está llamado a ser importante para mi. El año pasado, durante ese mes, realicé el "Ciclo de charlas ambientales" donde se dieron cita las organizaciones ambientalistas no gubernales de larga trayectoria en el país. Dentro de ese grupo cabe mencionar  a PROVITA, SADARBOL, ECOCLICK y el Movimiento Ecológico de Venezuela, entre otras. 

             Este año, entre el 13 y el 19 de noviembre, se realizó en la Plaza Alfredo Sadel el Festival de la lectura de Baruta "Lecturarte", con la participación de la Editorial Eclepsidra. En el marco del festival, la poeta y editora Carmen Verde Arocha presentó su libro titulado: "Cómo editar y publicar un libro. El dilema del autor.", he aquí la reseña: http://www.el-nacional.com/escenas/Carmen-Verde-Arocha-Publicar-literarios_0_308969431.html. Como escritora, fue una experiencia interesante el encuentro con otros autores de la editorial y con las personas que se acercaron a la feria a comprar o a curiosear libros. Me impresionó la apertura que las personas tienen hacia la literatura venezolana, y en especial, hacia los nuevos autores. 



                Tuve la oportunidad dejar alguna huella en "los gnomos" que encontaron hogar ese día, esperando que los lectores audaces disfruten la lectura de mis cuentos ecológicos. 


            Esa misma tarde realicé una actividad completamente distinta en la librería Sopa de Letras: la lectura del cuento "Aquella habitante de La Carbonera", que es sobre un sapito venezolano en peligro de extinción. Dicha actividad fue compartida con las integrantes del grupo Cuatro Costados Coach, Ylse Rojas y Lilia Batista, quienes realizaron juegos ecológicos alusivos al comportamiento animal y a su conservación. Imagínence qué complicado es jugar a la "r" como si fuese una cadena alimenticia: las gallinas tratando de atrapar a los gusanos al tiempo que evitan ser comidas por los lobos.  A dicha actividad se integraron los padres, y creo no equivocarme cuando digo que ellos se divirtieron tanto como los niños.


      
             El 19 de noviembre comenzó la celebración del Festival Internacional de Cine Verde de Venezuela, y para esa ocasión,  la Editorial Eclepsidra preparó un recital que tituló "Voces Vitrales.poesía", con la participación de los poetas Luis Gerardo Mármol, Victoria Benarroch y esta servidora. El evento se realizó con el apoyo de FUNVIVE, institución que actualmente se encuentra impulsando la figura del Ciudadano Verde. Allí realicé la lectura de "Cuentos para gnomos" y algunos textos inéditos. 







                  Estoy profundamente agradecida con la Editorial Eclepsidra,  la Librería Sopa de Letras, Cuatro Costados Coach, FUNVIVE y el IUNP, por todo el apoyo y el cariño que he recibido de ellos. Mil gracias.

jueves, 23 de agosto de 2012

El amor en un árbol



Árbol. 
Nidos de pájaros y niños, que se enredan en sus ramas por las tardes; raíces que aprietan la tierra, fuerte, muy fuerte, para que no se pierda en el aire; guardián de los ríos en su carrera infinita para encontrarse con su amante; templo del sol, cuyas hojas guardan su magnánimo poder en las nervaduras, con intimidad, con enorme intimidad.

Árbol. 
Lo vi florecer, vi caer su follaje y crecer sus frutos, cada nueva hoja, cada nueva rama que se extendía diminuta hacia arriba con hambre de sol, con hambre de lluvia, abriéndose paso entre las otras. Lo vi engordar con cada anillo y extender sus raíces sobre el suelo para no caer; porque así como crece el conocimiento debe crecer el amor.

Árbol. 
Me recosté en su tronco para no caer cuando te vi tan cerca. Entonces tu mirada, tu sonrisa, tus manos tibias navegando el ardor de mis mejillas. Luego el descenso al sepulcro en tus labios, en mi cuello las hormigas, en mi abdomen el deseo; y en el corazón de la Swiss Army, tu nombre y el mío bajo esa sombra.