Aquí está mi reflejo. Siente cómo abre una rendija por donde se escapa la luz y lanza allí, en ese flujo coloidal, palabras sin significado aparente que acarician o golpean el hipotálamo; y más tarde, cuando el sol se desliza detrás del contorno impreciso de la tierra, se desvanecen entre las sombras de los intrincados bosques dendríticos. Se escapan. Así son los espejismos.

viernes, 19 de octubre de 2018

Ven conmigo


 


¿Que no sabes nadar?

Entiende,
el miedo es un velo sagrado que oculta el placer más sublime.

Ven conmigo,
sumérgete en el azul , explora esos temores a puerta cerrada.

Abre los ojos,
hay oxígeno en el agua, peces, algas, corales y un corazón despertando.

Los peces nunca preguntan  por qué caen las estrellas en el mar por las noches, sólo las tocan, las salpican con sus colas, se visten por instantes con su luz dorada hasta que amanece.
Los peces no se preguntan si las estrellas caerán mañana.

Ven conmigo,
Ven conmigo.

lunes, 26 de febrero de 2018

De lo sagrado a los arrabales.

                   
                                  Fotografía: Jamie Street

                    Entre los sitios más acogedores del verano montevideano están los cafés de la Peatonal Sarandí. Son lugares muy concurridos tanto por uruguayos como por extranjeros, y por ello,  muy apreciados por los músicos que buscan dinero y una oportunidad contractual en los espacios públicos. Son sitios que solo florecen cuando la temperatura lo permite, cargados de ese aire europeo y del frescor de los árboles que rodean la Plaza Matriz. Allí escuché un bandoneón y sentí que estaba en el sur; porque puedes saber que estás en un lugar, pero de alguna manera, la música te lo hace sentir. A través de ella se expresa el alma de los pueblos, y nada mejor para desnudar el alma de un sureño que un tango brotando de las entrañas de un bandoneón. Sin embargo, no siempre fue así pues ese instrumento es oriundo de Alemania. Fue creado en 1835 por Hermann Ulgh con el propósito de llevar la música sacra a lugares abiertos, proyecto que terminó siendo un fracaso; y desde allí, llega a la Argentina en 1862 de la mano de Sebastián Ramos Mejías, quién solía tocarlo en cafés de baja categoría. Fueron los grandes virtuosos argentinos los que, años más tarde, sacaron este instrumento de los arrabales y lo catapultaron a un nivel superior, perpetuándolo como instrumento típico del tango.

                   El señor que tocaba el bandoneón aquella tarde se veía relajado y se esforzaba por sonreirle a los transeúntes. Al igual que otros músicos, lo motiva la posibilidad de recaudar dinero; pero al conversar con él, me di cuenta de que también siente un profundo amor por el tango, con preferencia a ejecutar piezas de Leopoldo Federico (nombre que subrayó con énfasis varias veces). Estaba sólo, pero aseguró que con frecuencia suele estar acompañado por su hermano, con el que toca en algunos sitios nocturnos de la ciudad.

                   Al escuchar algunas melodías de Leopoldo Federico en aquel concierto público, quise saber un poco más de aquel artista, que resultó ser uno de los grandes maestros del bandoneón.  Leopoldo Federico recibió numerosos reconocimientos, incluyéndo el de "Distinguido Ciudadano de Buenos Aires; y mucha gente lo conoció a nivel mundial por el álbum  "Tangos", que grabara junto a Rubén Blades en Argentina, y que se acreditó el Grammy en el año 2014. También fue reconocido por los trabajos que compartió con Astor Piazzolla.

                    En este viaje musical iniciado en una sencilla entrevista de calle, llegué hasta la música Astor Piazzolla. Debo reconocer que quedé absolutamente cautivada por ella. Fue un virtuoso que dio sus primeros pasos siendo apenas un niño argentino que vivía en la ciudad de Nueva York, y desde entonces,  trabajó incansablemente hasta lograr sus objetivos, los cuales se fueron desvelando a medida que Piazzola se adentraba cada vez más y más en el mundo musical. Fue discípulo del pianísta Bela Wilda, quien había sido discípulo de Rachmamimov. Vivió fascinado por la música de Bach y la que producía el violín de Elvino Vardaro, que luego hizo parte de sus composiciones. En 1946 compuso su primer tango formal "Desbande", luego del cual comenzó a componer melodías para el cine. Estudió a Bartok, Stravinsky, todo el jazz, y se especializó en dirección de orquesta. Orientó su carrera hacia la búsqueda de un estilo propio que llevó hasta sus últimas consecuencias, introduciéndo por primera vez el bandoneón en la orquesta sinfónica, no sin el rechazo inicial de la audiencia argentina, por considerar al bandoneón un instrumento propio de los arrabales, la misma que luego lo aclamó de pie. Ya cuento entre mis favoritas  "Taguango", que es música clásica con aires porteños, o tango con aires clásicos, y también "MIlonga", donde se destaca el trabajo del violín por sobre el resto de los instrumentos; ambas composiciones tan complejas como subyugantes. Esos hallazgos parecían suficientes para satisfacer mi curiosidad musical, pero fue imposible detenerme porque a esta cadena se unió otro eslabón: una entrevista en la que Piazzolla reconoció que sus dedos no eran nada comparados con los de Roberto Di Filippo.

                      Roberto Di Filippo fue criado en San Fe, Argentina, en el seno de una familia en donde cinco de nueve hermanos tocaban instrumentos musicales. Así, Filipo se destacó en la ejecución del bandoneón y el oboe desde muy temprana edad. Como señaló Piazzola, Di Filippo tenía dedos muy veloces que permitían las ejecuciones más complejas; pero mIentras Piazzolla tuvo una carrera lineal siempre en ascenso, ganando en complejidad y amplitud de conocimiento, Filippo tuvo quiebres, dejando el bandoneón por el oboe para unirse a la orquesta del Teatro Colón, y nuevamente regresando a él como pasa con los buenos amores.

                       Esta experiencia ha sido muy enriquecedora, no sólo desde el punto de vista musical, sino también desde el punto de vista espiritual. Nunca sabrás donde comenzarán a encadenarse los eslabones del conocimiento, dónde se haya la entrada del laberinto; puede encontrarse perfectamente en una melodía que se dispersa libremente en el aire. Los músicos son generadores de riqueza material, cultural y espiritual, siempre que de sus instrumentos broten hermosas melodías que le den vida al entorno. La ciudad y la música se confabulan para mantener la cohesión social, ese sentido de identidad, de pertenencia, y para dar a conocer esa forma tan particular de expresar los sentimientos al mundo; porque cuando escuchas un tango, estés donde estés, te transportas al sur y allí te quedas hasta que la melodía se acaba. 

                    Los dejo con un pedacito de lo que escuché esa tarde, que para variar, es una pieza de Leopoldo Federico.




Referencias:
https://www.welcomeargentina.com/tango/elfueye_i.html
http://www.piazzolla.org/biography/biography-english.html
http://www.todotango.com/english/artists/biography/1422/Roberto-Di-Filippo/
Billboard, enero, 2, 2015.

Fotografía: <a style="background-color:black;color:white;text-decoration:none;padding:4px 6px;font-family:-apple-system, BlinkMacSystemFont, &quot;San Francisco&quot;, &quot;Helvetica Neue&quot;, Helvetica, Ubuntu, Roboto, Noto, &quot;Segoe UI&quot;, Arial, sans-serif;font-size:12px;font-weight:bold;line-height:1.2;display:inline-block;border-radius:3px;" href="https://unsplash.com/@jamie452?utm_medium=referral&amp;utm_campaign=photographer-credit&amp;utm_content=creditBadge" target="_blank" rel="noopener noreferrer" title="Download free do whatever you want high-resolution photos from Jamie Street"><span style="display:inline-block;padding:2px 3px;"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" style="height:12px;width:auto;position:relative;vertical-align:middle;top:-1px;fill:white;" viewBox="0 0 32 32"><title>unsplash-logo</title><path d="M20.8 18.1c0 2.7-2.2 4.8-4.8 4.8s-4.8-2.1-4.8-4.8c0-2.7 2.2-4.8 4.8-4.8 2.7.1 4.8 2.2 4.8 4.8zm11.2-7.4v14.9c0 2.3-1.9 4.3-4.3 4.3h-23.4c-2.4 0-4.3-1.9-4.3-4.3v-15c0-2.3 1.9-4.3 4.3-4.3h3.7l.8-2.3c.4-1.1 1.7-2 2.9-2h8.6c1.2 0 2.5.9 2.9 2l.8 2.4h3.7c2.4 0 4.3 1.9 4.3 4.3zm-8.6 7.5c0-4.1-3.3-7.5-7.5-7.5-4.1 0-7.5 3.4-7.5 7.5s3.3 7.5 7.5 7.5c4.2-.1 7.5-3.4 7.5-7.5z"></path></svg></span><span style="display:inline-block;padding:2px 3px;">Jamie Street</span></a>

lunes, 19 de febrero de 2018

Baião de viento y cuerdas

   


            Al atravesar la Puerta de la Ciudadela, que se alza imponente frente a la Plaza Independencia, me adentro en un mundo aparte marcado por un extenso camino de piedras; es la Peatonal Sanrandí, uno de los lugares más concurridos de Montevideo. La arquitectura muestra toda su riqueza histórica a través de edificios de anchas paredes, grandes puertas y ventanas de madera ornamentada y balcones que se asoman mostrando rejas forjadas de gran belleza. El aire es cálido, húmedo y huele a café. Veo grupos de  otras latitudes y lenguas, usando ropa fresca, sombreros y gafas de sol, con esa miráda extraviada que va de un lado a otro, y que por momentos se detiene en algún detalle del paisaje urbano para luego capturarlo en una fotografía. También compran souveniers, y entonces, esos sonidos extranjeros se mezclan con los de los transeúntes habituales, con los de los artesanos y libreros que ofrecen la mercancía que exhiben sobre la ristra de mesas colocadas a un lado de la calle (pues del otro están los bancos). Así, se abren paso entre la gente, entre cueros repujados, pinturas inspiradas en el tango, amatistas extraídas de las canteras de Artigas y libros usados... hasta que sus oidos tropiezan con una melodía llena de ritmo y allí se detienen. Es el Baião, una música perteneciente al nordeste de Brasil de gran riqueza rítmica y fuerza interpretativa. Es ejecutada por dos jóvenes que se encuentran sentados en un banco: uno con una flauta traversa, el otro con una guitarra clásica. Los sonidos están bien acompasados y producen vibraciones de gran belleza y colorido.  De vez en cuando,  la flauta abre un espacio lúdico, y al igual que en el jazz, comienza a improvisar dentro de  la escala.


             Cuando terminan su interpretación, me presento y les digo que me gustaría escribir sobre ellos para este blog; se miran a la cara con sorpresa, sonríen y aceptan. Los invito a compartir lo que quieran, "lo que quieran"-subrayo. Lo primero que me dicen es que son uruguayos que disfrutan tocar ritmos brasileros, con una marcada inclinación por el Baião y  la Bossa Nova. La Bossa es ampliamente conocida en el mundo a través de las voces de Toquinho, Vinicio Moraes y Caetano Veloso, entre otros; pero el Baiao ha tenido menos difusión. Ambos son  ritmos exigentes que requieren manos ágiles y precisas. De hecho, estos muchachos me confesaron que son estudiantes de la Escuela Universitaria de Música de Montevideo. Como no tienen una vida holgada, han elegido someter sus prácticas musicales habituales a la presión del público de la peatonal para mejorar sus habilidades, medir la respuesta de su audiencia, y recoger la recompensa de su esfuerzo conjunto.  Se ven muy contentos y seguros de sí mismos, tienen el norte en la mirada; no les interesa ser parte de grandes orquestas, quieren hacer música de cámara. Son osados y perseverantes. Como dice la Bossa de Bense, tienen "licencia para soñar", la realidad aún no los alcanza. Tal vez lleguen a un lugar donde ni siquiera su corazón imagina, y quizás, no se han dado cuenta de que han atravesado la primera puerta. Todo lo que necesitan es un poco más de silencio a su alrededor.




lunes, 12 de febrero de 2018

Cuando la melodía es un imán


             Es la una de la tarde de un domingo del año 2017. Acabo de salir  de la Catedral de Montevideo donde disfruté una misa magnificente con su deliciosa música sacra. Mi hunor es ligero y reflexivo. Desde las escaleras de la iglesia contemplo la Plaza Matriz: está casi desierta, la fuente está encendida, el aire es fresco y  la sombra inmóbil de los plátanos la protege. Me animo a sentarme en uno de los bancos que están situados frente a la pileta, de espaldas al Cabildo, y, minutos después, aparece un joven rodando su bicicleta con paso lento y seguro por la diagonal derecha; la estaciona con mucho cuidado en el banco contiguo, le desata un estuche que coloca en el piso, extrae de él un saxofón y lo deja abierto. Se sienta, relaja su cuerpo, coloca el instrumento entre sus manos y comienza a precionar las llaves de tacto. En un instante, el espacio se inunda de jazz y blue, melodías conocidas como "May way" y "Somewhere over the rainbow" son interpretadas cuidando el tempo (que lleva con su pie derecho) y la afinación, y están teñidas por momentos de inprovisación. Comienza a acercarse la poca gente que había en los alrededores y dejan dinero en el estuche, otros no sólo quieren escucharlo sino que también le toman fotografías. Observo que llegan más y más personas... así transcurre media hora.

             Veo que toma un descanso y me acerco. Lo felicito por su excelente ejecución y comenzamos a hablar de música, del período barroco y de Bach, con sus variaciones e invensiones, como si se tratase del jazz en su fase embrionaria. Luego hablamos de Charlie Parker, de su forma desaforada de tocar el saxo, de sus excesos, de su relación con el Perseguidor de Julio Cortázar; y en ese camino azaroso del diálogo humano, me confesó que su autor favorito era Jorge Luis Borges y que entre sus lecturas predilectas estaba Funes el Memorioso. Yo, con aquel ánimo reflexivo de aquel día, concluí que así era el jazz, así las conversaciones y también la vida, uno sabe cómo comienzan, pero nunca cómo se irán desarrollando. Luego sonreí, no sabía si aquella cita de Borges aludía a que una extranjera quisiera escribir sobre un uruguayo, o si se veía reflejado en el insomnio del personaje; tampoco le pregunté.

               Cada ser humano esconde algo valioso y a veces nos sorprenden las cosas que se revelan, más aún, si se trata de un músico que comienza a ejecutar un saxofón con tal maestría, en medio de una plaza desierta, a cambio de algunos pesos. Mi curiosidad no se calla y le pregunto por qué eligió ese lugar habiendo tantos sitios concurridos donde con certeza podría hacer más dinero, como el Paseo Sanrandí o la Rambla. Me contesta que siempre busca lugares vacíos donde el sonido del saxofón pueda proyectarse con fuerza y nitidez, y sólo es posible lograrlo en medio del silencio. Le gusta pensar que la melodía que emana de su interior es un poderoso imán, que como el Flautista de Hamelín, capta la atención de las personas y las encamina hacia él; para Darío (así me dijo que se llamaba), es más interesante llenar un sitio que se encuentra vacío que irrumpir en uno tumultuoso. Es un ave tratanto de sobrevolar el arcoiris, de encontrar su sustento y un lugar en el mundo.

                 Me despido, le agradezco la conversación y lo dejo retomar su trabajo, la tarde apenas comienza y debe aprovechar al público presente que ya se ha dispersado. Me emrrumbo hacia la casa, y mientras me alejo, me hago la gran pregunta de siempre: ¿Qué es la vida? Calderón de la Barca decía que era un sueño. Puedes tener un trabajo estable, una familia que te acoja, quizás una herencia, pero siempre se abre un espacio a la incertidumbre, nunca sabemos cuándo girará la rueda, tampoco pensamos en eso. No estamos conscientes de nuestra fragilidad, nos aferramos a cualquier cosa para tener esa sensación de estabilidad infinita; yo siempre pongo los pies en la tierra y miro hacia el cielo, así me sostengo. Todos nosotros, como los artistas, dependemos de nuestros talentos, del esfuerzo que a veces va de la mano de ese insomnio de Ireneo, y de que a la gente le guste lo que hacemos, ya sea que estemos en una oficina, un aula de clases, el teatro o en una plaza. La vida es un laberinto que debe ser decifrado con astucia. Puedes no prestarle atención y dejarte arrastrar; o como Griet, el personaje de "Girl with a Pearl Earring" de Tracy Chevalier, gires una y otra vez alrededor de la fuente de la plaza mientras decides cuál de las diagonales tomar: la que se dirige al norte, al sur, al este o al oeste; porque a pesar de que todos los caminos conducen al mar, el  que elijas para llegar importa. Vivir exige valor.




lunes, 5 de febrero de 2018

Melodías en el aire





             Hay muchas cosas que disfruto de Montevideo, entre ellas, está la música. Cuando se piensa en el sur, inevitablemente se piensa en tango. Soy caribeña, pero crecí escuchando a Gardel, y canciones de Gardel en las voces de Julio Iglesias y Roberto Carlos.  Su memoria está muy presente en esta ciudad: hay una calle con su nombre y una estatua en la avenida 18 de Julio.



           Y es que los uruguayos aseguran que dicho cantante nació en Tacuarembó, y sobre ese tema los argentinos y los uruguayos han tenido discusiones álgidas. Me tocó llegar aquí en el año 2017 cuando se celebraban los 100 años de la Cumparsita. La ciudad estuvo llena de eventos todo el año, bailes y exhibiciones se organizaron en teatros, plazas y parques. Ver a jóvenes y mayores disfrutar de tan pintoresco baile me llenó de emoción. En el tango hay poesía, fuego, pasión, y en su baile complejo, lleno de filigranas, hay seducción. Recordé las clases que tomé en Washington en el año 2007 con una pareja de bailarines argentinos: la postura recta, el ocho al giro de la punta del pie, el cruce de piernas, la cabeza ergida, los brazos extendidos hacia adelante y la mirada en el horizonte, cerca el latido, la respiración y la transpiración. Aún no he aprendido a bailarlo bien, hacen falta más de cuatro clases para eso. Tal vez me anime a hacerlo aquí, es un privilegio. 



                                                El video es una cortesía de Ariadna Pineda.

         Pero Montevideo no es solo tango. Se escucha el candombe, una serie de tambores con sonidos de Baobad, muy enquistado en las raíces culturales de este país, que impone su ritmo a la alegría del verano; comparte su espacio con la murga, un baile más carnavalesco que alcanza su maxima expresión con Agárrate Catalina. También suena la samba, la milonga, las coplas y la poesía gauchesca que acompañan con mate, un buen asado y el truco en la mesa. Porque en Uruguay también se juega truco. Los más jóvenes escuchan rock uruguayo e internacional, teniendo un gusto especial por el rock de los 60 y 70, con predominancia de Los Beatles; también se escucha la cumbia uruguaya y el reguetón. Yo escasamente conozco al Cuarteto de Nos, cuyas letras me parecen excepcionales.  Los montevideanos pertenecen a una sociedad culta, por lo que también escuchan música clásica, son eternos amantes del jazz y fanáticos de las canciones de Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat.

         Desde que llegué aquí he estado en el ejercicio de apartar poco a poco las hojas de los plátanos que reposan en las plazas y avenidas del centro,  para descubrir todo lo genuino que esconde esta pequeña ciudad del sur con rasgos europeos. Hay música, mucha música en Montevideo, es algo que disfruto intensamente, y por eso, me gustaría dedicarle algunos textos. Pero no quiero hablar de los músicos renombrados, quiero hablar de los anónimos, esos que te alegran la vida cuando estás de paso por la calle, que se atreven a entregar su arte abiertamente con una sonrisa que surge de lo más profundo de esas notas que saltan y vibran en el aire. Quiero escribir sobre ellos, pues he notado que hay gente con mucho talento. Veremos qué pasa en el próximo encuentro.

domingo, 28 de enero de 2018

Recuperando el Tintero.



           Hoy experimento una gran alegría. Después de más de tres años de tratar por varios métodos de recuperar esta cuenta, finalmente lo logré. Siento la felicidad que trae consigo la persistencia, el insistir, el escribir cartas a Google explicando mi incapacidad para entrar al Blog por no tener acceso a mi vieja cuenta de Black Berry, de querer enmendar ese error que fue la activación de la doble verificación de seguridad. A veces, por querer sentirnos más seguros quedamos atrapados. Estoy muy agradecida con Google por su apoyo y comprensión. Gracias.

            La energía comienza a fluir, los candados comienzan a abrirse, la luz penetra con lentitud en el bosque dormido y las ramas exhalan las chispas contenidas durante el letargo. Con la luz llegan las voces que se alimentan del aire y comienzan a danzar creando imágenes nuevas, se hacen eco de ciertos sucesos que sólo ellas conocen y en ellas se detienen. No tienen prisa, correr siempre ha sido una mala idea, es lo que entiendo de ellas y de mis amados quelónios.

             

martes, 23 de septiembre de 2014

El abrazo



Para mis hijas,

Quiérete mucho cuando te sientas sola.
Cuando te pienses un eco sin retorno
Una madeja de hilos enredados.

Si el mundo se divide
colorea tus alas
escucha el arcoíris en cada gota.

Quiérete mucho aunque te detengas
el corazón viaja y se conecta
con eso que te busca y se apoya en ti, siempre.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Groot y el silencio



“Ninguna palabra puede decir tanto como el silencio.”
                                                    Yasunari Kawabata

            Ningún personaje de Marvel me había impactado tanto como lo hizo el Groot en la película Guardianes de la Galaxia. Es un ser muy espiritual. Su silencio y cada una de sus acciones, que además no son muchas pero contundentes,  contrastan con el entorno oscuro y violento en el que le toca desenvolverse. Ese asombro que Groot despierta en nosotros nos conmueve y genera contradicciones internas por derivarse de un ser que a simple vista parece tonto, pero también nos lleva, de manera inconsciente, hacia un ente introspectivo, meditativo. Una sabiduría más allá de las palabras se revela en la quietud. Me hizo recordar el hecho bíblico de que el amor excede a todo conocimiento: El amor nunca dejará de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará, (1Corintios, 13-8).  Así es Groot. Nos da una imagen de protección, es profundamente leal, humilde e inclinado a sacrificarse por los demás. Siendo el personaje más ajeno a lo humano, resulta el más humano, siendo el más alejado de la  belleza, es el más bello.

Si nos vamos al cristianismo, Jesús trasmitía el conocimiento a través de parábolas, no usaba el lenguaje directo; de la misma manera lo hace el budismo Zen, trasmite sabiduría a través de cuentos y koans, advirtiendo que los conceptos pueden señalar el camino, pero no son el camino. Para lograr lo que ellos denominan la iluminación meditan en silencio, abstrayéndose de las palabras, del pensamiento superficial y entrando en contacto con la naturaleza verdadera y profunda. A propósito de esto, Bodhidharma dice que las palabras nos separan del mundo y que la experiencia directa nos remite a la verdadera naturaleza de la vida, de la realidad y de nosotros mismos. En la mayoría de las religiones la oración y el silencio ocupan un lugar prominente.

 Durante toda la película lo único que se le oye decir a este curioso personaje de Marvel es I’m Groot, y al parecer es todo lo que necesita ese ser capaz de generar luz en medio de la más absoluta oscuridad, de obsequiar flores para dibujar una sonrisa en el rostro de una niña, de perder la vida protegiendo a otros… y de esa manera se multiplica y se dispersa por el mundo (es una imagen cristiana). Su gesto y su silencio son poesía. La genialidad de sus creadores está en haberlo hecho árbol: los árboles no hablan, y sin embargo, nos dan el oxígeno que necesitamos para vivir, nos protegen del sol y de la lluvia, nos dan alimento y su madera de infinitos usos. Sin lenguaje hace posible la vida.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Un detalle para Julio Cortázar en sus 100 años.




            Mi aproximación a Cortázar no fue la usual, sucedió a través del jazz. Suelo escuchar todas sus variantes, pero la que más me gusta es el bebop de Chalie Parker, John Coltrane y Miles Davis; son melodías que me diluyen. Una tarde de 1993, me encontraba yo revisando libros en una de esas tienditas instaladas en el pasillo de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela. Estaba buscando libros de Stendhal. Había leído Rojo y negro y La Cartuja de Parma, pero quería más. Estando a punto de claudicar, leí en un pequeño libro de bolsillo de la editorial Alianza Cien “STENDHAL, Ernerstina o el nacimiento del amor”. ¡Eureka! Pero el libro era parte de una colección muy cómoda para leer en cualquier lugar, por lo que comencé a ojear el resto de los títulos y fue entonces cuando me tropecé con uno que ostentaba un saxofón en la portada “CORTAZAR, El perseguidor”. Recordé que no había leído nada de Cortázar, ni siquiera la tan nombrada Rayuela en mis años de colegiala, pero si ese sujeto había escrito sobre el jazz, seguramente era para mí. Y lo ha sido hasta ahora. El texto me recordaba mucho a Charlie Parker, entonces, lo leí recostada en el sofá de la sala mientras Charlie tocaba su saxofón desenfrenado. Charlie y Cortázar dialogaban. El saxo se sumergía en las profundidades de la melodía y luego se desataba en forma violenta en busca de un clímax, mientras Cortázar decía: “Johnny ha abandonado el lenguaje hot más o menos corriente hasta hace diez años, porque ese lenguaje violentamente erótico era demasiado pasivo para él. En su caso el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar, negando por adelantado los encuentros fáciles del jazz tradicional. Por eso, creo, a Johnny no le gustan gran cosa los blues, donde el masoquismo y las nostalgias… Pero de todo esto ya he hablado en mi libro, mostrando cómo la renuncia a la satisfacción inmediata indujo a Johnny a elaborar un lenguaje que él y otros músicos están llevando hoy a sus últimas posibilidades. Este Jazz desecha todo erotismo fácil, todo wagnerianismo por decirlo así, para situarse en un plano aparentemente desasido donde la música queda en absoluta libertad, así como la pintura abstraída a lo representativo queda en libertad para no ser más que pintura. Pero entonces, dueño de una música que no facilita los orgasmos ni las nostalgias, de una música que me gustaría poder llamar metafísica, Johnny parece contar con ella para explorarse, para morder en la realidad que se le escapa todos los días. Veo ahí, la alta paradoja de su estilo, su agresiva eficacia. Incapaz de satisfacerse, vale como un acicate continuo, una construcción infinita cuyo placer no está en el remate sino en la reiteración exploradora, en el ejemplo de facultades que dejan atrás lo prontamente humano sin perder humanidad. Y cuando Johnny se pierde como esta noche en la creación continua de su música, sé muy bien que no está escapando de nada. Ir a un encuentro no puede ser nunca escapar…”

            Así fue mi encuentro con Cortázar. Ahora abrazo con ternura sus Cronopios, porque para mí son esos pequeños duendes que andan por el tiempo y por el mundo conectándonos con la naturaleza y con nuestra fibra más profunda y misteriosa, para que no olvidemos nuestro origen y destino.

            Me embrujó. Cortázar era un niño que jugaba con las palabras, jugaba solo y con sus lectores, aún lo hace.


lunes, 18 de agosto de 2014

Convergencias

         

          Esta es la selva. Aquí, encontramos cada día más riesgos que belleza, la caída de una cultura por la derrota de la esperanza. La selva. Y en ese paisaje árido y gris que alguna vez fue verde, quizás muy lejos en el tiempo lo fue, la vemos a ella con sus cabellos de canela y su cuerpo de sirena, caminando muy despacio, como respirando los pasos. Sus ojos se mueven de un lado a otro con mucha atención, levanta la mirada, la baja, la fija y así. El tiempo se perdió o tal vez ella, en aquel templo construido en medio de la espesura humana; tiene una actitud hedonista, calmada, sin expectativas; le gusta ser sorprendida, que surja de la nada aquello que la sumerja en la ataraxia. Epicúreo flota en el aire, está en cada rincón de esta selva llena de gente que va y viene, que habla, que ríe, que grita; también en algún rincón, por allá cerca de las frutas, hay alguien que canta una canción de amor con la mirada perdida… Y en medio de aquel escándalo, entra él, con actitud estoica y algo molesto. Su paso es apresurado pero firme, de vez en cuando levanta la muñeca izquierda para ver su reloj, no quiere detenerse a contemplar el paisaje porque sabe exactamente lo que busca, lo había planificado todo antes de salir; espera encontrarla pronto y salir de allí.

Él y ella se tropiezan con fuerza, ella por andar distraída, él, por andar con prisa. Y en ese punto de convergencia, se separan, se miran unos segundos y luego ven el último paquete de Harina Pan en medio de anaqueles vacíos y grandes bolsas de papel rasgadas sobre el piso, como si un ejército de langostas hubiese pasado por allí llevándoselo todo. Los dos toman el paquete, forcejean, ahora sus ojos son tanques de guerra, arquean las cejas, muestran los dientes, es la lucha por la supervivencia del más apto. Él le dice que no importa, que se puede llevar el paquete de harina; ella le dice que no, que está a dieta y que la sustituirá por una caja de Special K con pasas o chocolate… si la encuentra. Un grupo de gente corre en desorden hacia el pasillo tres, ella detiene a una señora y le pregunta que hay allí, la señora le contesta que no sabe, que va a averiguar. Entonces se van juntas siguiendo la corriente. Él se dirige a la caja y paga el producto, siente que ha ganado una batalla, pero sabe que tendrá que repetir la hazaña en pocos días.

            Ella revisa la lista de compras que tiene en la mano mientras hace la cola: consiguió la leche y la harina de trigo, pero de nuevo regresará a casa sin aceite, sin azúcar y su desayuno tendrá que esperar por las arepas. Delante de ella va un señor con un par de cosas en las manos y delante de éste, una señora con cuatro paquetes de Harina Pan que se voltea y le pide al señor que le pase dos de los paquetes porque sabe que la cajera impedirá se los lleve todos. El señor la ve con furia y le dice - Señora, usted es muy egoísta. ¿Quiere todos los paquetes para usted? ¿Cómo se le ocurre pedirme eso? ¿Cómo se le ocurrió pensar que yo iba a participar en su chanchullo? ¡Que falta de respeto! La señora lo mira con pena e indignación, respira profundo y le contesta –Discúlpeme, señor, yo pensé que usted tenía un buen corazón, pero ya veo que no tiene idea de lo que significa C-O-L-A-B-O-R-A-R. Al final, termina llevándose los dos establecidos por no sé qué ley. La mujer de cabellos canela se alegra y le pregunta a la cajera – ¿Puedo tomar esos dos paquetes de harina?-  y ella le contesta - sí, por supuesto- y continúa tecleando con sus uñas acrílicas extra largas. Ha sido sorprendida de nuevo, bienvenida sea la ataraxia, ese placer cercano a la esquizofrenia.

            Así vivimos aquí, cada quien con sus estrategias de supervivencia, unos más racionales, otros más cercanos a las bestias. No importa si usted es hedonista o estoico, lo cierto es que todos estamos sujetos a este mundo absurdo en donde la ciudad se ha convertido en selva.

miércoles, 13 de agosto de 2014

¿Por qué, Robin Williams?


            Lo había olvidado, pero ayer recordé cómo a los diez años trataba de unir el meñique con el anular y el dedo medio con el índice hasta formar una V para despedirme de ti cada vez que terminaba Mork y Mindy. ¿Acaso fue una orden de Orson, que con su voz de trueno te dijo que ya era hora de volver a Ork? ¿O es que quisiste revivir el momento en el que Andrew decidió que ya era hora de terminar la vida con algo parecido a la eutanasia? Con seguridad eso fue porque tú no eras de este mundo. Tu versatilidad, esa que nos hacía vivir los personajes como si fuesen reales, esa capacidad tan tuya de hacernos reír, entristecernos, conmovernos y romper contigo los paradigmas establecidos con la intención de alcanzar la felicidad, de sentir la vida en lo profundo, estaba más allá de lo humano.
            Me hiciste recordar a Yasunari Kawabata, quien alguna vez dijo que no veía nada honroso en el hecho de quitarse la vida y luego, en 1972, se suicidó. Alguien llamado Juan Gustavo Cobo Borda lo justificó atribuyéndole una sensibilidad exacerbada… yo podría decir lo mismo de ti, pero en realidad pienso que perdiste la perspectiva, sí, en algún punto la perdiste. La vida no está hecha de puntos discontinuos  en el tiempo, somos un rango que tiende al límite, porque siempre vamos sumando experiencias. Sé que a veces se apagan las luces y vemos solo eso que somos en medio de lo incierto, hay que ver hacia atrás de vez en cuando y observar en la distancia todo lo que hemos sumado porque siempre será parte de lo que somos y seremos en el futuro. Tenemos que detenernos y contemplarnos desde el remanso del río y continuar el camino.
            Pero no estoy aquí para reprochar tu decisión, estoy aquí para decirte que no solo nos hiciste pasar buenos momentos, sino que sembraste buenas semillas en el corazón de mucha gente a través de John, el profesor de literatura que inspiró en tantos jóvenes el amor por las letras; de Patch Adams, con su insistencia de querer sanar a los enfermos a través de la risa y que fue imitado en Venezuela por El Doctor Yaso; de Andrew, que nos enfrentó a la idea de que estábamos perdiendo nuestra sensibilidad hasta el punto de que un robot podía tener mejores sentimientos que nosotros, seres de carne y hueso; del locutor de radio Adrian Cronauer, que nos enseñó a tener fortaleza y el valor que tienen aquellos que nos hacen reír y pasar buenos ratos en tiempos difíciles; ellos entre muchos otros.
            Dejaste un gran legado en la Tierra, espero que en Ork, finalmente, puedas encontrar la felicidad que quisiste para nosotros.

Nano-nano.

miércoles, 9 de julio de 2014

Cuenco de luz



                   Un árbol es un cuenco de luz, un verso que crece y se ensancha en la acera; recoge silencioso las palabras que luego dejan caer los pájaros y entierran las ardillas. Esconde en cada anillo un secreto y juntos narran su historia y la nuestra. En la boca sabe a tamarindo y en la piel, huele a canela.

                  Un árbol es un cuenco de luz, un poema que se hace bosque en la mirada y permanece indómito ante la tormenta. Lo adornan los capullos, las chicharras de mayo y la ristra de hormigas que marchan hacia el agujero. Eleva sus brazos hacia las estrellas, lo saluda el viento, lo baña la lluvia.

                  Un árbol es luz y es poesía.

jueves, 3 de julio de 2014

Entrar en “Experimento a un perfecto extraño”.



                No sé si es el asma, la locura o la fluidez de su escritura lo que me acercó a José Urriola, lo cierto es que una vez que penetré en su mundo, me atrapó y no hubo escapatoria posible. Su novela, “Experimento a un perfecto extraño”, es un rompecabezas muy divertido en el que te pierdes en medio de ideas, críticas y sucesos, hasta que al final te das cuenta de que eres la pieza faltante de su historia infinita donde tú también eres un rompecabezas, “ese coctelito personal que tú mismo te estuviste preparando a lo largo de tu vida con pizcas y medidas de quién sabe quiénes…”, un camuflaje único e irrepetible, parafraseando al autor. Este libro es un fractal, en él hay historias y meta historias que puedes encadenar como quieras, cada una de ellas puede sonar surrealista, pop o futurista, pero lo cierto es que mientras te sumerges en sus complejidades, van surgiendo otras en mundos paralelos: las que vive cada lector, porque para Urriola, la vida es una puesta en escena.

 Mi historia comienza la tarde del jueves 4 de Julio del año 2013 cuando compré la novela en el Banco del Libro, en la antesala del conversatorio que luego tendríamos con el autor. Conocí la escritura de José Urriola en su blog "Rostros de viento", allí comenzó mi admiración por su estilo y la empatía por sus ideas. Por eso aquella tarde lo esperaba con impaciencia, para tener ese contacto necesario lejos de los sitios virtuales en los que solíamos intercambiar ideas y una que otra anécdota. Yo había llegado muy temprano, y sin embargo, las sillas ya estaban dispuestas para recibir a los invitados. José llegó después acompañado de algunos familiares y pudimos tener una corta pero agradable conversación, como la de dos extraños que constatan que están hechos de materia cósmica. Salí del evento con una dedicatoria en el libro y un ticket de avión para Puerto La Cruz con fecha 5 de Julio.

           
          Pensé que el libro sería un buen compañero de viaje. Había decidido tomarme unos días libres en medio del estrés que implica establecer los lineamientos de una campaña eco-política, en un país sumergido en el caos. En el aeropuerto me encontré con Natasha Tiniacos que iba para Maracaibo y cuyo vuelo estaba retrasado al igual que el mío; recuerdo que le regalé unos caramelos que tenía en la cartera, le mostré el libro y le di una breve referencia del mismo, tomó su camino y yo comencé mi lectura: “Cada evento de mi vida derivaba en un cuento que necesitaba ser contado a otra persona, pero también, sobre todo, necesitaba ser contado y recontado mil veces a un interlocutor interno que no era otro que yo mismo.” (…) “Porque sí, en el fondo eres un niño bueno y estás lleno de potenciales, pero la verdad es que vas por mal camino y nosotros nos hemos dado cuenta y queremos corregirte antes de que sea irreversible.” Eres bueno, pero vas por mal camino… Mi ticket decía que debía llegar a las 5:00 pm a Puerto La Cruz y terminé llegando a las 9:00 pm. Esas cosas siempre pasan en los aeropuertos venezolanos.

            En Puerto la Cruz me esperaba el amor, alguien que había conocido hace más de un mes trabajando en proyectos ambientales y del cual no me pude desligar en vista de esos flechazos mortales de los que a veces somos víctimas y que se tradujeron en llamadas frecuentes a mi casa y cinco horas de espera por causa del retraso de mi vuelo. Mis ojos volvieron al texto “Quienes se asoman en mi vida no son otra cosa que actores, incluyendo a mi familia, pasando por amigos, terminando por mis parejas. Cada uno de ellos viene con una misión, interpretan un papel previamente escrito y simplemente dejan fluir su actuación hasta que alguien –el jefe del Experimento, el gran maestro titiritero de esta enorme puesta en escena- decide que ya es hora de salir del cuadro, o bien que pueden continuar un tiempo más.” Más tarde concluí que ese enamorado llegó a mi vida para enseñarme la importancia del silencio, él lo practica hábilmente y conoce muy bien las limitaciones de tener un diente roto. Durante ese largo fin de semana el libro reposó en la mesa de noche, recordándome quizás, que yo era parte de ese experimento, una perfecta extraña que entraba en los laberintos del autor. En la novela encontré que “En la vida, tan importante como creerse las mentiras, es saber decidir hasta dónde no creérselas”. Soy de las que piensa que es mejor escuchar una verdad incómoda que mentiras complacientes del ego. Regresé a Caracas con la estela de nostalgia que dejan las separaciones forzadas, comenzaron de nuevo las llamadas a mi casa y el cuándo nos volveremos a ver como el punto y aparte necesario…  “El mundo existe siempre y cuando yo esté allí para percibirlo” y detrás de esa sentencia de Urriola apareció Descartes con su “pienso y luego existo” y detrás de Descartes, yo, reafirmando toda mi fortaleza y toda mi fragilidad, un simple ser humano que lucha con sus “Entes” y que trata de entender qué la rodea y cómo se integra. “Vaya tarea titánica, la de intentar dar sentido al sin sentido absoluto, la de otorgarle congruencia blindada a este desmadre signado por el absurdo que somos y en el que estamos sumidos.”, insistía el autor.  Recordé que Jon Elster en sus “Juicios Salomónicos” decía “… que la racionalidad misma nos exige reconocer esta limitación de nuestros poderes racionales, y que creer en la omnipotencia de la razón es sólo otra forma de irracionalidad.”. Una novela, demasiadas reflexiones. Y es que en el libro de Urriola te tropiezas con Descartes, Freud, Rimbaud, Baudelaire, Buda, Bilal… con interesantes referencias musicales y con oraciones como esta: “Sacar los brazos hacia la noche de Guanarito es como meter las manos en un ataúd sin fondo.” Yo no sé cómo son las noches de Guanarito, pero si ese lugar se parece al Amazonas, debe ser algo terrible sacar los brazos por la ventana, por algo están cubiertas de tela metálica.

En algún momento de la lectura me detuve a pensar que mi encuentro con el autor en aquellos parajes llenos de espejos tal vez se debían a un asunto médico y generacional, eso de que “la tristeza era un estado constante de la existencia” y mi asma,  ese tropiezo con la rebeldía de otro asmático que aprende a retar la vida desde muy temprana edad, porque cuando eres asmático te vuelves terco, muy terco, y haces todo lo que te dicen que no debes hacer: saltar en la cama, correr bajo la lluvia y todo para ver si esta vez te mueres de un ahogo. Este panorama está muy en consonancia con el tema del microsuicidio que se desarrolla a mitad de la novela. Luego me encontré con Freud en la siguiente afirmación del Ëxperimento": “Dicen que hay cineastas que siempre filman la misma película y que los escritores siempre repiten de alguna manera el mismo cuento “ ¿Por qué Freud? Porque en “Más allá del principio del placer” Freud dice que esa conducta que reflejan tanto cineastas como escritores  se debe a que “los niños repiten en sus juegos todo aquello que en la vida les ha causado una intensa impresión, y que de este modo procuran un exutorio a la energía de la misma, haciéndose, por decirlo así, dueños de la situación.” Pero más allá de esta cita, Freud está muy presente en la novela, es realmente divertido el capítulo dedicado al psiquiatra, el Dr. Iribarren, en dónde el autor le da rienda suelta a su imaginación para burlarse de esas teorías sexuales, del complejo de Edipo, de Electra y de todo el psicoanálisis. Es para reír y no parar.


El libro descansó un par de semanas y yo también. Me estaba preparando para un viaje largo a Austria y decidí terminarlo allí; el “Experimento” llegó muy lejos en mis manos. De nuevo el vuelo de IBERIA salió con retraso de Maiquetía y perdí mi conexión en Madrid; tuve que esperar siete horas en el aeropuerto de Barajas por el próximo vuelo a Austria. Para disculparse, la aerolínea me premió con un almuerzo en el mejor restaurante del lugar con vino incluido. Llegué a Viena hecha un harapo, con el jet lag en pleno, tuve la sensación de que podía dormir dos días seguidos y creo que lo hice. Pensé que el jet lag no debe afectar a los que padecen de insomnio, no era mi caso. Vería a mi hija en cuatro días, ella volaba desde Japón, tendría mucho espacio para la lectura. 

Comencé con la historia de Melanie y me detuve, pensé que no me sería posible terminarla sin tomar por lo menos dos copas de vino porque era una historia cercana, el hombre con el que estaba saliendo, el amor de Puerto la Cruz, era más joven que yo, yo era Melanie y cantaba en esperanto. A pesar de la distancia generacional lo amé profundamente, una locura, aquel romance duró alrededor de ocho meses y la separación fue dolorosa porque no había motivos para la ruptura, una amputación necesaria que nada tuvo que ver con la incomprensión social y mucho que ver con un cambio de visión en el futuro, porque nos creemos muy cool, pero a la hora de la verdad, caemos fácilmente en la crítica y el juicio. Mis hijas aceptaban bien la relación, mi mamá la miraba de lejos y una que otra vez mencionaba a Mimí Lazo o a Jennifer López como justificándome, pero otras veces decía que le incomodaba el asunto. En aquel momento no quería saber nada, cerraba los ojos y escuchaba una voz que decía “mi princesa” y entonces abrazaba profundamente las palabras leídas en la novela de Urriola, que se había convertido en un refugio: “Porque el amor y el dolor hay que sufrirlos, hay que joderse en lo bueno y en lo malo. Si se quiere realmente amar con todo y si se quiere realmente sufrir los estragos del desamor hay que inmolarse. No me venga nadie con asuntos cobardes sobre inyectarse amor y despecho sin que les duela el pinchazo.” 


En el vuelo hacia Madrid vi una película que hablaba sobre la importancia de preservar el alma, de vivir y aceptar lo que eres a pesar de todo. A veces es difícil, quieres huir, dejar de ser, de sentir la presión, solo te salva pensar que tu sombra sigue allí y tienes el poder de controlarla. Quieres dejar de escribir, quieres dejar la política, tener una vida común, sin tantos vericuetos… pienso en lo que me haría feliz.  Hay edades complicadas: La adolescencia y cuando se llega a los cuarenta, sobrevivimos a todo eso. En algún momento despiertas y la sensatez aparece, tomas distancia de ti mismo y logras una segunda mirada de lo que necesitas que sea tu vida. 

Ser político es hermoso y respeto a todos los que deciden seguir ese camino, es un apostolado, sacrificas muchas cosas, sobre todo el tiempo de familia, por eso tienes que tener muy claras las bases filosóficas y los objetivos de la lucha y amarlos, para que el camino no se haga tan pesado; entregas tu vida a la gente, sabes que se beneficiaran de tus logros, porque lo haces por el bienestar del país, solo que a veces te olvidas de que no todos abrazan los mismos principios, siempre es así en la política y es más difícil cuando pretendes romper un paradigma, pero hay que insistir en aquello en lo que se cree, sin eso la vida no tiene ningún sentido, existen muchas formas de integrarse.


Al día siguiente, desayuné con té inglés, pan alemán, queso brie y frambuesas. Adoro las frambuesas. Salí del hotel con el libro en la mano. Era verano y el sol estaba calientito, la gente se veía relajada, muchos shorts, sandalias, faldas cortas y bicicletas en las calles de Viena. Escuchaba a los transeúntes hablar en alemán, no entiendes nada, pero sabes que la están pasando bien porque se  ríen. La expresión corporal y la risa no tienen barreras idiomáticas. Pagué quince euros por entrar en una playa privada. Tenía muchos árboles frondosos, grama, y grava en la línea de la costa, el agua era dulce y fría a pesar del calor y no había olas. Vi algunas mujeres desnudas asoleándose en la orilla y nadie se detuvo a mirarlas, es otra cultura. Era obvio que tatuarse estaba de moda, los cuerpos exhibían grandes obras de arte a todo color. Busqué un sitio para sentarme a terminar la novela, me pareció que el muelle era un buen lugar. Cuando llegué, vi a un cisne nadar hacia a mí con rapidez, me pareció un ave excelsa, blanca, interesante y me asombré al ver su falta de timidez y de miedo a los humanos -la gente del lugar no debe atacarlos- pensé. Se acercó tanto a mí que saltó del agua y me mordió la mano derecha, menos mal que no era Zeus porque en este momento yo sería la madre de un semidiós. ¿Era la magia del lago o la magia del libro? -me pregunté- sonreí y busqué un lugar más tranquilo, lejos de los cisnes. Me invadió la felicidad. Ojalá pudiésemos borrar los problemas como borramos un texto. La vida debería ser más sencilla, menos exigente y nosotros menos idiotas. Caminé un poco por el lugar y encontré, en un recodo del lago, un cómodo banco de madera debajo de un árbol.  Abrí el “Experimento”: “Tu no necesitas de ningún Dr. Klausmann, tú lo que tienes es que seguirte preparando para cumplir la misión que se te ha encomendado, tú tienes que seguir cultivando ese talento divino, no desfallezcas porque el camino es largo, duditativo, tortuoso. Tú que tienes la madera, el potencial que nadie más, para erigirte en nuestro guía. No nos abandones. Tú eres el camino, el camino está en ti.” (…) “…olvídese de Klausmann, nadie encuentra a Klausmann, él lo encuentra a usted.” Fijé la mirada en el lago y pensé que Klaussman era como el destino que no puedes evadir pero que tampoco puedes buscar, era el Zaratustra de Nietzsche soltando las muletas, el Padre Sergio de Tolstoi caminando sobre las aguas. Me perdí en el azul. De pronto comenzaron a aterrizar en el agua, justo frente a mí, una bandada de patos y avanzaron hacia la orilla buscando un refugio en la marisma. Los observé hasta que se ocultaron en el herbazal. Me levanté del banco y me dirigí al restaurante, busqué una mesa y pedí un helado de chocolate y una botellita de agua. ¿Que cómo los pedí? Nada complicado, muchos austriacos hablan inglés.


Se acercaba la tarde y las nubes pasaron de blancas pinceladas a espesos algodones grises.  Oscureció. Respiré profundamente antes de terminar con una historia que había invadido mi intimidad por completo: “Y aventuro una última duda, antes de presionar este gatillo con el cañón del revólver ya en la sien: Si bien yo no soy el protagonista porque simplemente he participado como un personaje más del reparto en el Experimento diseñado para otro… ¿Ese otro acaso serás tú?” Me dejó sin aliento. Estupendo final- pensé- y dejé la playa del lago para reencontrarme con Ana que acababa de llegar de Japón y me esperaba en Wagramer Strasse. Fue un momento maravilloso, juntas otra vez después de dos años, nos abrazamos fuerte, brotaron lágrimas y risas. Comenzó a lloviznar. Mamá, ¿qué tal si caminamos un poco por la ciudad? Me pareció una locura la invitación pero accedí. Frente a nuestros ojos apareció en el cielo grisáceo, un doble arcoíris, uno debajo del otro; yo pensé que esas cosas solo eran posibles en los dibujos de los niños. Mi hija y yo nos quedamos ensimismadas observando ese paisaje surrealista, entonces ella me dijo: No le contemos esto a nadie, la gente va a pensar que andamos en drogas. Extraña tarde, extraño final.

Regresé a Caracas con muchas decisiones tomadas: dejé la coordinación del partido pero aún ejerzo acciones ecopolíticas, reemplacé el amor de Puerto la Cruz por la dulce compañía de mis hijas y me quedé con la escritura, pero un “Trojan” acabó con dos años de textos inéditos y tuve que comenzar de nuevo. Insisto en mantener los ojos abiertos para encontrar “la misión que se me ha encomendado”.  Y mientras tanto, cada tarde ignoro la llamada telefónica de una grabadora que me dice: Usted se ha comunicado con el Cementerio del Este.












domingo, 22 de junio de 2014

No cortes el árbol




Debajo del árbol, la vida se respira lento
se ve mejor la luz y los colores del ocaso
No cortes el árbol, que muere la sombra
te viste la sombra.

El árbol crece tejiendo ramas
Las ramas crecen tejiendo viento
Y el viento fluye tejiendo el tiempo
que avanza indómito sobre las nubes.

No cortes el árbol, cortas la existencia
se caen los nidos, se pierde el alimento
el oxígeno que sopla en los sueños
de los niños, de los amantes.

Árboles, venas del mundo.
 Sol, corazón que bombea
 la sangre que penetra
 el vientre de la tierra, fértil, húmeda
que nos sostiene.

martes, 3 de junio de 2014

Abismo



A veces el amor llega tarde
allí la palabra es infinita
veo la palmera que sonríe cuando la toca el viento
que besa las hojas
lento, lento.
Pienso en los abrazos perdidos,
los que nunca llegaron 
y los que despierta la memoria 
tan cerca del latido 
tan lejos en el tiempo.
Me escuchas
te alegras 
me asombro 
me rindo un instante 
y regreso 
siempre regreso y tú te quedas.