Aquí está mi reflejo. Siente cómo abre una rendija por donde se escapa la luz y lanza allí, en ese flujo coloidal, palabras sin significado aparente que acarician o golpean el hipotálamo; y más tarde, cuando el sol se desliza detrás del contorno impreciso de la tierra, se desvanecen entre las sombras de los intrincados bosques dendríticos. Se escapan. Así son los espejismos.

lunes, 8 de abril de 2013

Para un amigo imaginario.








Caracas, 13 de febrero de 2013.

Querido amigo,
            ¿Todo bien?  Ya sé que siempre hablamos, que te parecerá extraño que no use el twitter, el PIN o el SKYPE. Lo que tengo que decirte amerita más de ciento cuarenta caracteres y algo de drama, tú me conoces.
            Lo cierto es,  que te falta muy poco para ser el amigo imaginario de mi infancia. Tú despiertas sentimientos y sensaciones extrañas de vacío y compañía que no logro resolver, ¿me ayudas?
            Recuerdo que, como toda niña asmática, tenía ciertas prohibiciones de salir a jugar con otras niñas, de hacer deportes, e incluso, de chapotear bajo la lluvia. Fue entonces cuando lo conocí. Llegó una tarde, entró por la puerta de mi habitación, me tomó de la mano y se quedó. Desde ese día, siempre estuvo conmigo. Conversábamos, jugábamos largas horas, leíamos mi colección de cuentos infantiles, y hasta salíamos a pasear juntos en el carro de mi papá; siempre quería ser el último en entrar para estar junto a la ventana,  y yo se lo permitía a cambio de que me dejara mirar a mí también. ¿Me sigues?  No sé en qué momento este amigo se fue, seguramente se dio cuenta de que ya no lo necesitaba.
            Así eres tú, como la sombra de ese amigo de la niñez.  Una tarde apareciste entre los libros ¿lo recuerdas?  Me preguntaste si necesitaba ayuda,  el corazón hizo click  y comenzaste a girar por la casa.  Siempre estás cuando te necesito, dispuesto a colaborar, a dar un buen consejo, un hombro, los brazos, los labios, a entrecruzar las piernas... Unas veces texto, otras veces piel, pero siempre ojos, oídos, pulgares.
            En esta historia no compartimos la misma ventana, hay una para cada uno, una mirada distinta de las mismas cosas; tan es así, que de vez en cuando nos resulta difícil ponernos de acuerdo;  porque en tu cabeza hay recuerdos de lugares en los que nunca he estado, canciones que nunca he escuchado,  libros que nunca he leído, y  así con muchas otras cosas. Pero tienes que haber notado que, cuando nos miramos, llega la amnesia y  en ese silencio estamos bien; no hay palabra posible cuando nuestros cuerpos dialogan, cerramos los ojos a las diferencias, al menos yo lo hago, ¿y tú?
            Yo no sé si eres el amor  (hay tantas formas de amar),  pero sé que eres la sonrisa.  Mi vida es un collage y tú eres una de esas imágenes superpuestas sin sentido obvio, que catapultan mi energía en espiral ascendente.  El día que te vayas espero no notar tu ausencia, que seas como esa sombra que se va disolviendo en la luz,  no quiero sentir el asma que te abrió la puerta.
            Amigo, ¿todo bien? Espero que estas líneas llenas de drama sean las que esperas, si no es así, arruga el papel y déjalas seguir.

Mariposa blanca.

jueves, 28 de marzo de 2013



Carl Sagan muere en 1996, y en 1998 se le publica un libro llamado "Miles de millones", que no habla de satélites que exploran el espacio, ni de la búsqueda de vida en otros planetas, sino de como los seres humanos estamos destruyendo la Tierra, el único planeta habitable. Akira Kurosawa muere en 1998. Dentro de sus últimas películas se encuentran Dreams (1990) y Rhapsody in August (1991), cuyo temas giran alrededor de las catástrofes ambientales y tecnológicas; en ellas, Kurosawa nos muestra su esperanza en que el hombre aprenda a vivir en concordancia con la naturaleza. De todo esto se desprende una coincidencia. La mitología tolteca nos dice lo siguiente: "El sueño del planeta es el sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños más pequeños, de sueños personales que, unidos, crean un sueño de una familia, un sueño de una comunidad, un sueño de una ciudad, un sueño de un país, y finalmente, un sueño de toda la humanidad." Miguel Ruíz (1997, 1998). Podemos tener el planeta que soñamos, solo basta que nosotros, los miles de millones de seres humanos que estamos hoy aquí lo deseemos y actuemos en consecuencia. Estos grandes personajes de nuestra historia contemporánea nos dejaron un mensaje, creo que es hora de escucharlos.




http://www.casadellibro.com/libro-miles-de-millones/9788440680099/603184



sábado, 16 de marzo de 2013

GAIA



          


          Gaia, padecemos tu enfermedad, se manifiesta en cada uno de nosotros de forma distinta porque somos criaturas sin molde. Te inyectamos el veneno que luego tragamos, porque tú eres una con nosotros; pero no sentimos tu dolor, lo creemos ajeno.

            Nuestras raíces se han desprendido de tu suelo para navegar sobre la dureza del concreto hacia un futuro incierto. Una niebla de deseo nos cubre el pensamiento y nos soñamos dioses, nos multiplicamos sin límites, así como todas las cosas que surgen de nuestras manos. Nos creemos cada vez más mundo y somos cada vez más miseria.

            Te quitamos la vida a pedazos, sabes que pronto quedarás vacía, sin agua, sin animales, sin árboles, con la piel deshidratada, porque como nosotros, tienes un cuerpo finito y palpable que creemos invencible. Todo en este mundo es frágil. Te lamentas y nadie te escucha, llueves e inundas hasta convertirte en sequía y nadie comprende que si un día mueres, nos vamos contigo.

            GAIA, nos creemos más mundo y somos cada vez más miseria.

domingo, 24 de febrero de 2013

EN LA SOMBRA




 



            No es sencillo el trabajo de atar cabellos largos. Me deslizo hacia arriba mientras una de las manos los aprieta fuerte al ras del cráneo para mantenerlos unidos (inevitable, siempre alguno se resbala sin advertencia); luego hay que tensarse y rodear, y rodear, y tal vez rodear de nuevo, hasta ese punto donde el ajuste no permite el movimiento.  Me gusta sentir el contacto de los dedos, por eso a veces me voy cayendo durante el día, me pongo floja, floja. Deseo terminar en el suelo o en alguna gaveta.  Y así todos los días a excepción de aquella noche. Una mano extraña me agarró con violencia haciendo estallar los cabellos reprimidos, me lanzó al aire, me perdí en la sombra, y finalmente me encontré rodeando esa muñeca delgada y desconocida, por un tiempo. Hacen falta cosas así, impredecibles, que desvíen la consciencia del círculo en el que estamos inscritos; para saber que en la vida, además de cabellos  y manos, existen muñecas.